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«Las mujeres dejamos el camino de la soledad y hemos tomado el de la solidaridad»

«Cuando empecé como directora de cine, tenía los ojos malintencionados de mis compañeros esperando que me estrellase» l «El paisaje asturiano es absolutamente cinematográfico»

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Josefina Molina, delante del Ayuntamiento de Pola de Allande.
Josefina Molina, delante del Ayuntamiento de Pola de Allande. 

JOSEFINA MOLINA. DIRECTORA DE CINE Pola de Allande,
Lorena VALDÉS

La directora de cine Josefina Molina (1936) fue la primera mujer en España que se licenció en la Escuela Oficial de Cinematografía, algo que tal y como ella misma confiesa la «llena de orgullo. Con una larga trayectoria en cine, televisión y teatro, que incluye películas como «La Lola se va a los puertos», «Función de noche» o la serie para televisión «El Camino», la cineasta cordobesa aprovecha en la actualidad su jubilación para dedicar todo el tiempo que puede a la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (Cima) de la que es presidenta de honor y que fomenta una presencia equitativa de la mujer en la creación audiovisual. Josefina Molina participó recientemente en el IV Encuentro de Mujeres de la Comarca Vaqueira, dedicado al séptimo arte, que tuvo lugar en el recinto ferial de la capital allandesa.

-¿Cómo tomaron en su casa que decidiese estudiar cine?

-En mi casa era un bicho raro, mis padres no entendían nada. Ya había estudiado Ciencias Políticas pero una mujer directora de cine a finales de los años sesenta era una auténtica excepción y nunca dieron crédito a lo que iba a hacer con mi vida. Pero ellos no eran los únicos, la gente de mi alrededor tampoco confiaba para nada en mis proyectos ni en que estos saliesen adelante.

-En plena época franquista, ¿cómo se las ingeniaba para llevar a la pantalla sus ideas?

-Todo eran metáforas para poder decir lo que queríamos y pasar la censura. En los años setenta éramos tres las directoras que trabajábamos en este país: Cecilia Bartolomé, Pilar Miró y yo. Y siempre intentamos aprovechar todas las coartadas que teníamos a nuestro alcance para expresarnos. Fue una época de lucha constante.

-Ser mujer complicaba y mucho la situación.

-Por supuesto. En mis primeros años de trabajo siempre tenía los ojos malintencionados de mis compañeros esperando que me estrellase. No podían soportar la idea de que las cosas me saliesen bien. El esfuerzo era sobreañadido y al final los proyectos más interesantes siempre se los llevaban los hombres.

-Con esa situación, tiene que ser difícil dar órdenes en un plató y que le hagan caso.

-Siempre intenté dejar claro que mi trabajo no era una competición entre sexos para ver quién ganaba. Los directores en nuestro país estaban acostumbrados a gritar mucho y decir todos los tacos del mundo, cuando más agresivos, mejor, para imponerse. Yo, sin embargo, prefería el diálogo para convencer a los demás de que tenían que hacerse las cosas bien y este fue mi método durante toda mi carrera.

-Con la llegada de la democracia, ¿pudo hacer por fin el cine que siempre deseó?

-Fue algo progresivo. La libertad de expresión no llegó de la noche a la mañana, hizo falta que pasara tiempo para notar los cambios. Aunque, por supuesto, la Transición sí fue la oportunidad para poder hacer películas impensables hasta el momento como «Función de noche» en 1981, cuyo guión tenía una fuerte carga feminista.

-La crítica tampoco fue condescendiente con las directoras de su época.

-No se trata de ser condescendientes, sino justos. La voz cantante en la crítica cinematográfica siempre la han llevado los hombres y en ocasiones por el simple hecho de ser mujer ya se ponían, con argumentos poco convincentes, pegas a películas.

-¿Este comportamiento machista le sacaría en más de una ocasión de quicio?

-Unas cuantas y lo sigue haciendo. No soporto la maquinación ni el ninguneo que al día de hoy se vive en el cine español. Las mujeres no podemos consentir ciertas actitudes de ninguna manera y tenemos que trabajar por la igualdad.

-De ahí su implicación en la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales, de la que es presidenta de honor.

-Me jubilé porque la vida son etapas y hay que dejar hueco a las nuevas generaciones. Así que cuento con el tiempo necesario para trabajar activamente en Cima. En guión y producción las películas con participación femenina no alcanzan el 19 por ciento y no importa si hablamos de cine, televisión o documentales. La creación audiovisual en nuestro país está absolutamente en manos masculinas. Cima nace para poder cambiar esta situación.

-España cuenta en la actualidad con directoras de reconocido prestigio como Icíar Bollaín, Isabel Coixet o Gracia Querejeta. Puede ser un buen síntoma de cambio.

-Las mujeres hemos decidido dejar el camino de la soledad y tomar el de la solidaridad. No pedimos ningún privilegio, sólo igualdad. Las jóvenes tienen las ideas clarísimas y yo creo que las cosas marchan bien. En 1988 en España había 30 mujeres directoras de cine y yo estoy encantada con esta situación. También hay una nueva generación de actrices muy preparadas y dispuestas a luchar por sus derechos.

-¿En alguna ocasión en su carrera rodó en Asturias?

-Sí, los exteriores de «Vera, un cuento cruel». Los paisajes asturianos son absolutamente cinematográficos y una auténtica alegría para la vista. Además he venido por puro placer en muchas ocasiones a pasar mis vacaciones de verano. La gastronomía asturiana me encanta, sobre todo el pote.

-Cine y la televisión tienen el poder de poner de moda un lugar.

-Un poder absoluto, el de las imágenes. Podríamos hablar de la serie «Doctor Mateo». Se pone en valor un lugar, en este caso Lastres, y se habla de la gente asturiana, de su carácter abierto, sus costumbres, etcétera.

«Los directores españoles estaban acostumbrados a gritar mucho y a decir todos los tacos del mundo, cuanto más agresivos mejor, para imponerse»

Comienzos

Josefina Molina fue la primera mujer en licenciarse en la Escuela Oficial de Cinematografía en 1969 de Madrid.

Su primera película

La cinta «Vera, un cuento cruel», cuyos exteriores se rodaron en Asturias, fue su debut como directora en 1973.

Jubilación

La directora aprovecha su retiro laboral para trabajar activamente en la Asociación de Mujeres Cineastas de la que es presidenta de honor.

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