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El pueblo interrumpió con aplausos el homenaje póstumo de Marcelino Martínez a Vicente Álvarez, el alcalde durante trece años que impulsó la candidatura a «Pueblo ejemplar» y se hizo responsable del «progreso de nuestro municipio».
El «Asturias, Patria Querida», interpretado por las gaitas de la banda «El Trasgu» de Caso, cedió paso al descubrimiento del monolito en el que quedará para siempre, junto a la iglesia de Rioseco, la placa conmemorativa de la concesión del premio. «El Príncipe me dijo que le había gustado mucho, que le parecía muy original», afirmó el autor, Salustiano Sánchez. Unos minutos, algunos besos y muchísimos saludos después, los Príncipes atravesaron la plaza del Ayuntamiento para conocer en la Casa Consistorial a los artífices del espíritu solidario que ayer se premiaba en Sobrescobio, los componentes de las asociaciones culturales «La Xamoca» y «La Panoya» y del colectivo de mujeres «Peña El Torrexón».
En la sala en la que se celebró el encuentro, doña Letizia se interesó por las pinturas que colgaban de la pared, obra de María del Carmen Suárez Cuadrado, ex maestra de Sobrescobio, y acto seguido caminó junto a don Felipe hacia la Casa del Agua, reanudando la recolección de piropos y regalos. De éstos, llegaron tanto los previstos -unas cestas hechas por la artesana Ángeles González y dos libros de dos hijos de Sobrescobio, «Asturias», de Fermín Canella, y «Topografía médica de Sobrescobio», de Eladio Jove- como los improvisados, bolsas de avellanas y otros frutos de la fértil tierra cuyo estado de conservación elogiaron con insistencia. «Cuando las amenazas del cambio climático se hacen cada vez más patentes», había dicho don Felipe en su discurso, «cuando a diario somos testigos, víctimas e incluso causantes de la degradación de la naturaleza, ejemplos como los vuestros nos llenan de esperanza. También por ello os felicitamos, por proteger todo lo que es digno de ser conservado, por cuidar lo que os identifica y os singulariza».
Ante la Casa del Agua, Alba Díaz, de 10 años, y Diego Suárez, de 7, tuvieron suerte. Ganaron el sorteo entre los alumnos de la Escuela Rural Agrupada para ayudar a los Príncipes a plantar un tejo. Don Felipe, pala en mano, se afanó en la tarea y «me dijo que ayudaba muy bien», afirmó Diego. Según su profesor, Benedicto Miyares, «el Príncipe dijo que espera que el árbol crezca bien y prometió venir a comprobarlo dentro de unos años».
Antes de almorzar con los vecinos, La Polina, primera capital de Sobrescobio, les ofreció un amagüestu y un momento para que don Felipe recordase su experiencia como divulgador de esencias naturales en «La España salvaje», la serie de documentales que presentó en Televisión Española. Guiado por los impulsores del observatorio de aves que se alza sobre el embalse de Rioseco, los ornitólogos José Luis Benito y Teresa Sánchez, tomó el telescopio y contempló ánades azulones, garzas y cormoranes.
Ellos forman parte del «paisaje envidiable» que don Felipe añorará, dijo, a su regreso a «la agitada vida diaria», aunque también ese entorno tenga «verrugas» como las que el artista Cuco Suárez, que tiene su estudio en Ladines, observa en el proyecto de hormigonar uno de los emblemas naturales de Sobrescobio, la ruta del Alba.