Rioseco, José A. ORDÓÑEZ
-Muchas gracias por haber elegido Asturias para enamorarse, Príncipe Felipe.
-Ya ve, señora, amor desde Madrid a Asturias.
Este es el resumen que hace Ángeles González González, cestera de 79 años, del diálogo que mantuvo ayer con el Príncipe de Asturias cuando le explicó los detalles de un oficio tradicional que agoniza. Esta dicharachera mujer, vecina de Ladines, no se dejó amilanar por las decenas de cámaras que seguían un encuentro en el que besó con todo el cariño a doña Letizia y alabó la buena figura de su esposo, al que también acarició el rostro con sumo afecto. Además, no dejó escapar la oportunidad de hacerles llegar unos obsequios. Por un lado, un original sonajero realizado con blimas, «para lo que pueda venir», y un par de cestitas repletas de avellanas, castañas y nueces para las Infantas Leonor y Sofía. «Lo que yo quiero ye que eses cestes estén siempre llenes de paz y de amor pa les neñes», señaló la vecina de Ladines poco antes de que, por iniciativa del Príncipe, toda su familia se hiciera una foto con la real pareja.
El encuentro con Ángeles González, en el que también participó su bisnieto, el pequeño Edgar Rodríguez, tocado con una montera picona conmemorativa de la histórica jornada, fue una de las muchas paradas que realizaron los Príncipes, muy relajados durante todo la mañana, en el paseo que realizaron entre el Ayuntamiento y la Casa del Agua. En el trayecto, aplaudidos sin cesar por los vecinos y con el protocolo hecho jirones, los Príncipes se detuvieron de forma prolongada con una familia de Gijón que tiene una niña de 4 años, Lucía, aquejada de parálisis cerebral. «Nos dieron muchísimo ánimo y, además, la Princesa, muy atenta, mostró gran interés, nos dijo que la dejaba de piedra y que cómo le había pasado. Son muy humanos y ha sido un gesto muy bonito por su parte», aseguró, agradecida, la madre de la pequeña, Ana Fernández. Fue uno de los momentos más emotivos de la jornada y de los que más aplausos y parabienes despertaron por parte del público.
Los testimonios de los centenares de personas que ayer se acercaron a los Príncipes y recibieron su saludo son de lo más variopinto. La verdad es que ni don Felipe ni doña Letizia escatimaron tiempo en acercarse al público, mientras recababan información sobre algunos aspectos del concejo del alcalde coyán, Marcelino Martínez, que apenas cabía en el traje de puro orgullo. «Le di un beso al Príncipe en la cara y otro en la mano. Al hacerlo se quedó un poco parado porque parece que no está dentro del protocolo, pero yo insistí porque igual no vuelvo a verlo más», señaló Ana María Vega, que llegó a la comarca del alto Nalón desde Arriondas. Por su lado, Sheila Fernández, de Villamorey, insistía en que «se ve que son muy cercanos a la gente. Cogieron a la nena en cuello y le hicimos una foto con ellos. Dentro de unos años, cuando la vean, seguro que les hará mucha ilusión». María Fernández, de Caso, comentaba entre risas que «Letizia me dijo que la camisa que llevaba mi niña era muy bonita, y que se la había comprado en Zara, porque ella la conocía. Dijo que la nena, su prima y su amiga eran todas muy guapas». Además, le confió que «echa de menos a sus hijas cuando sale de viaje».
«Qué bien se ve todo desde ahí», le dijo el Príncipe a Tirso García, un niño que consiguió mirar a don Felipe desde arriba, subido a los hombros de su padre, Ricardo García Corral, junto a su hermano Martín y a su madre, Reyes Gil. Ella, «orgullosa de ser nieta de coyanes», al igual que su esposo, constató que la televisión engaña y que, de cerca, vio al Príncipe «muy distinto» y que, en la distancia corta, le pareció «más cercano que ella».
Andrea Corte, de Laviana, esperaba a los Príncipes en la plaza del Ayuntamiento «desde las diez de la mañana». Veredicto: «Él, muy guapo; ella, delgadísima». Eso sí, a su juicio, los dos son «muy naturales». También tuvieron palabras elogiosas para la pareja Ximena Guerrero Reinaldo, una joven residente en México, de vacaciones en la casa de su familia materna en Cabranes; María Luisa Solís, de Laviana, y Manuela Alonso, una vecina de Entralgo.