Rioseco (Sobrescobio),
Marcos PALICIO / M. A. G.
En Sobrescobio se ve el futuro mirando al pasado. En el afán del municipio del alto Nalón por conservar «la tierra como era» se atisba, lo vio ayer el Príncipe de Asturias, «una de las caras posibles de un futuro más cierto y más seguro, el anticipo de una modernidad más profunda». Don Felipe y doña Letizia pisaron ayer esa tierra custodiada por la solidaridad vecinal para entregar a sus vecinos la recompensa, el título de «Pueblo ejemplar de Asturias» por su empeño en cuidar la naturaleza trabajando en equipo, «por mirar al futuro desde el amor a la tradición» y por enseñar valores muy útiles para combatir «una difícil crisis que es, en buena parte, una crisis de valores». Este ejemplo de respeto a la tierra encontró además la condescendencia del cielo, que sólo amagó con unas pocas gotas de lluvia al inicio de la visita, unos minutos después de que el Príncipe entregase y el Alcalde agradeciese el galardón.
Pero habría hecho falta mucha más agua para disolver Rioseco. El reloj del Ayuntamiento, bajo el que acaso hubiera ayer más gente que un día cualquiera en todo el concejo, marcaba seis minutos por encima del mediodía cuando los príncipes empezaron a repartir saludos y a prodigar sonrisas a la multitud entre un «guapu» de este lado y un «muchas gracias» del otro. «La verdad es que ye saladísimu», confirmaba una vecina el veredicto unánime de la muy expresiva concurrencia femenina. Los príncipes correspondieron al repertorio de alabanzas sin despreciar una mano tendida. Al otro lado de las vallas resaltaban de entre la multitud monteras piconas azules conmemorativas de la gran fiesta coyán, pañuelos de gratitud desde Torazo (Cabranes) -el «Pueblo ejemplar» anterior-, una joven envuelta en una bandera mexicana, niños agitando la española, trajes regionales, el emblema de Los Humanitarios de Moreda, los que recibieron este premio en 2007... Hasta una bandera republicana provocando desde un pajar. En el momento más protocolario y rígido del programa, los discursos para argumentar la concesión del premio y la gratitud del pueblo, el alcalde, Marcelino Martínez, subdividió en múltiples motivos el «orgullo de ser coyanes». Éste se define, enumeró, por la satisfacción de «saber aparcar diferencias para realizar obras comunales en régimen de sextaferia», por esa otra forma de solidaridad «que nos lleva a abastecer de agua a un 80 por ciento del Principado» o por el honor de «haber sabido conservar "la tierra como era"», ese lema que promociona al concejo y cuyo acierto festejó también el Príncipe. Para don Felipe, el espíritu de este eslogan «hermoso, preciso y sugestivo» «no se pondrá nunca en peligro, y el ayer que merece ser guardado alentará un porvenir lleno de promesas».
Y es que la historia de esa tierra a la que Sobrescobio se lo debe casi todo, incluido su gentilicio -«coyán» por las colladas que lo rodean- ya empezó con una «sextaferia» en 1565. Fue entonces, recordó el regidor, cuando el territorio fue comprado a la Orden de Santiago por dos vecinos en nombre del pueblo por 810.000 maravedíes. Cuatro siglos y medio después, Sobrescobio celebra el hallazgo de haber hallado el futuro en la conservación del pasado. Su municipio, destacó Martínez en su discurso, «ha sabido aprender de su pasado y aprovechar las oportunidades del presente para mirar al futuro con esperanza y optimismo». Y merced «al esfuerzo colectivo», destacó, Sobrescobio ha encontrado la fórmula de avanzar hacia la modernidad sin perder de vista sus esencias. El municipio, retrata un alcalde orgulloso, «ha frenado la tendencia de otras zonas rurales al despoblamiento y presenta pueblos urbanizados y perfectamente integrados en el entorno, una adecuada red de infraestructuras, un sector ganadero profesionalizado y otro turístico en constante crecimiento».
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