Oviedo, María José IGLESIAS
Ni los célebres diamantes de Niarchos -Van Cleef et Arpels- ni las exquisitas piezas Cartier o el berlinés Kochn que guarda el joyero real han robado protagonismo a la Cruz de la Victoria y la Virgen de Covadonga. La Reina ha tenido este año dos gestos adicionales de cariño a Asturias y los ha llevado colgados al cuello. No sólo no se quitó el símbolo de la región. Para la ceremonia de los premios añadió un medallón de oro de la Virgen de Covadonga, de la joyería Quirós de Oviedo.
Doña Sofía suele comprar piezas de la firma asturiana cuando viaja al Principado. La medalla, en oro amarillo, tiene un toque especial. Está inspirada en un diseño del XIX, cedido a la casa ovetense por la baronesa de Grado, Macarena Chávarri de la Mora, esposa de Martín González del Valle. La Reina no ha tenido reparos en ponerse la medalla con cordón de cuero, sobre las gasas moradas del vestido.
El especial significado que tienen las joyas para doña Sofía, depositaria del legado que un día recibirá doña Letizia, según la costumbre instaurada por Victoria Eugenia, lo demuestra con pulseras y colgantes griegos y turcos -los ojitos del mal de ojo versión alta joyería- de los que no se desprende. Los compra en sus viajes. En Estambul se la ha visto en una conocida tienda, cerca de la Mezquita Azul.
Yelena Isinbayeva, la estrella mediática de la ceremonia, tampoco se separó de la insignia de oro de la Fundación, que el Príncipe impone a los premiados, con la Cruz de la Victoria en el centro. Quizá le hayan recordado las cruces bizantinas que se ven en las iglesias rusas eslavas, «primas» de la asturiana. La historia de Asturias se hace internacional en oro.