Rioseco, J. A. O.
Los Príncipes de Asturias se mostraron especialmente cercanos a los cientos de personas que les aclamaron en su pausado recorrido por las estrechas callejuelas de Rioseco, engalanadas como nunca para la ocasión. Saludaron a casi todos los vecinos y tuvieron tiempo para conversar con algunos de ellos, fotografiarse y firmar autógrafos en las revistas editadas por el Ayuntamiento para conmemorar la concesión del galardón.
Uno de los momentos más entrañables se produjo tras el acto oficial de entrega del premio. En medio del clamor popular, doña Letizia y don Felipe estaban a punto de entrar en el Ayuntamiento para firmar en el libro de honor municipal cuando la Princesa se dirigió a la zona en la que estaba el público y cogió en brazos a Saúl Fernández Menéndez, un pequeño de 2 años de edad vecino de Blimea. Ataviado con el traje regional asturiano, el niño le hizo entrega de una «cestina castañes» recogida en la localidad coyana de Campiellos, de la que son naturales sus padres, Marisa Menéndez y Canor Fernández, que apenas pudieron contener ya la emoción cuando doña Letizia recogió a su otra hija, Lucía, de 2 años, que también acudió a la cita vestida de asturiana. Los dos pequeños estuvieron entre los grandes protagonistas de una jornada que dejó numerosas imágenes para la pequeña historia de Sobrescobio.
A los Príncipes se les vio cómodos por Rioseco, donde, por cierto, volvieron a encontrarse con el vecindario de Torazo, la localidad cabranesa que fue «Pueblo ejemplar» el pasado año. Amalio Villa Fernández formó parte de una expedición que, en cierto modo, quiso escenificar el relevo en este preciado galardón. «A nosotros el premio nos valió de mucho, la verdad, y espero que también le sirva a Sobrescobio», aseguró mientras, con las manos, saludaba a don Felipe frente al Ayuntamiento.