Oviedo, José A. ORDÓÑEZ
El maldito tumor cerebral que le impidió cumplir el sueño de salir al espacio acabó con su vida. Fernando Caldeiro, astronauta de la NASA con orígenes familiares en la localidad asturiana de Sisterna, en Ibias, falleció el pasado día 3 en Houston (Texas) a los 51 años de edad. Nacido en Buenos Aires, casado con Donna Marie Emero y padre de dos hijos, Annie y Michelle, «Frank», como era conocido en la agencia espacial estadounidense, siempre llevó muy a gala sus raíces. De hecho, visitaba la región con cierta asiduidad. Estuvo en Ibias en 1996 y hace sólo tres años impartió una multitudinaria conferencia en el campus de Gijón dentro del ciclo de Ciencia y Tecnología organizado por LA NUEVA ESPAÑA, un acto que contó con la colaboración del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Entonces alguien le bautizó con gran acierto como el «asturnauta».
El bisnieto de Trinidad Menéndez, de la familia conocida en Ibias como «los de casa Parrao», nació en la capital argentina el 12 de junio de 1958. Tras graduarse como ingeniero en la Universidad de Arizona en 1984, trabajó cuatro años en Nueva York de director de producción y pruebas de vuelo del Bombardero USAF B-1B, de Rockwell. Después, ya en Florida, se integró en el centro espacial Kennedy en calidad de especialista en sistemas criogénicos y de propulsión. Con la carrera profesional completamente lanzada, logró estar en el selecto grupo de 35 personas que en 1996 aprobó las duras oposiciones para entrar en la agencia espacial de Estados Unidos, a las que concurrieron más de 6.000 aspirantes. Tras años y años de duro esfuerzo, ostentaba por fin el título de «NASA Astronaut».
Caldeiro, cuya pérdida ha sido lamentada por la NASA a través de una nota oficial en la que destaca que se trataba de una persona muy apreciada por sus compañeros, además de un gran profesional, salió de la atmósfera terrestre, pero, en cambio, nunca logró estar en órbita. La enfermedad y una dosis de mala suerte se lo impidieron. Integrado en el grupo de astronautas estadounidenses, estaba en fase de entrenamiento para participar en la misión STS-91, destinada a integrar la tripulación de la Estación Espacial Internacional, cuando se produjo el desastre del «Columbia», en el que perdió a tres compañeros de promoción. La tragedia provocó un drástico recorte en el presupuesto de la NASA y en el número de misiones. La decisión truncó el sueño espacial del astronauta de Ibias, que pronto se vio obligado a emprender una lucha aún más dura, la que le planteó el tumor cerebral que, finalmente, acabó con su vida.
En los últimos años, Caldeiro realizó diversos trabajos de investigación en vuelos de gran altitud, a más de 20.000 metros. ¿Cómo se ve la Tierra desde ahí arriba?, le preguntaron durante la conferencia que pronunció en Gijón hace tres años. «He visto paisajes de las montañas de Asturias que son mucho mejores», contestó Frank, el astronauta que nunca olvidó sus orígenes de Ibias y que siempre tuvo a gala ser de «casa Parrao».