J. C. GEA
Guau. Vaya epístola dominical que se acaba de marcar Álvarez-Cascos; tal se diría que el ex ministro, siempre tan pendiente de su amada parroquia gijonesa, ha advertido que estábamos en riesgo de caer en algún tipo de síndrome de privación emocional después de una semana tan intensa como la pasada, y esperó hasta este telarañoso domingo de resaca y cambio de hora para inyectarnos en vena un chute de adrenalina política sin diluir. Hacía tiempo que las cuitas internas del PP de casa no nos coloreaban la grisalla con la ración casi diaria de folletín -o de vodevil, o de tragedia, según se mire- a las que nos tenía acostumbrados. La reactivación del caso del archivador perdido y hallado en el suelo reaviva el espectáculo, que se anuncia hasta mitológico: el apellido del secretario responsable de la investigación, que responde por Argos, como aquel gigante que vigilaba para los dioses con sus cien ojos. Mientras su mirada escruta, tenemos la pieza de Cascos y su arranque dramático: un grupito de extremistas y radicales antisistema en la sede del PP local. Guau.