Clave en la primera etapa de Juan Carlos I

Fernández Campo tuvo un papel destacado en las decisiones más importantes que se tomaron en palacio, entre ellas la educación de don Felipe de Borbón

 
La Reina charla con Fernández  Campo tras la presentación del Atlas Cronológico de la Historia de España, en Madrid. / efe
La Reina charla con Fernández Campo tras la presentación del Atlas Cronológico de la Historia de España, en Madrid. / efe 

Oviedo, P. RUBIERA

Sabino Fernández Campo asumió desde su llegada a la Zarzuela, primero como secretario de la Casa del Rey (1977-1990) y más tarde como jefe (1990-1993) un papel destacado y discreto. Él mismo lo definía con un lema «Ni deprisa ni despacio». No sólo tuvo un protagonismo fundamental en la Transición o en la preparación de los planes educativos de Felipe de Borbón, sino también en la organización de la Casa o la definición de roles, como el de la Reina, de los que la Constitución no habla. Su opinión fue decisiva a la hora de designar al mercantilista asturiano Aurelio Menéndez como preceptor del Príncipe. Fernández Campo no compartía los consejos de Maquiavelo para la formación de los príncipes. «Era un desgraciadete», dijo en su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Prefería los de Erasmo de Rotterdam: «No hay camino más breve y eficaz para ayudar a su pueblo que la vida ejemplar del Príncipe». Hizo el diseño general de los estudios siguiendo las instrucciones de los Reyes, y el proyecto fue supervisado por el entonces presidente del Gobierno, el socialista Felipe González.


Vivió desde la primera línea los intensos años políticos de la Transición. Como secretario, durante la elaboración de la Constitución, se reunía casi diariamente a comer con el presidente de las Cortes, Antonio Hernández Gil, y con el letrado mayor, Felipe de la Rica, según recoge José Apezarena en su libro «El Príncipe». «En nuestra Constitución se estableció una reducción de las facultades del Rey, en un sistema que se ha llamado de monarquía limitada, como último intento de basar la unidad estatal sobre el principio monárquico», afirmó Fernández Campo.


El golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y su leal apoyo al Rey en una noche de la que salió fortalecida la monarquía parlamentaria y el propio Juan Carlos, ya forman parte de la historia de España.


También le interesó definir las funciones de los miembros de la Familia Real. Elaboró un borrador en el que no sólo regulaba las obligaciones de los Reyes en público sino que tasaba y limitaba las comparecencias de la Reina. La excluía, por ejemplo, de las recepciones, «pascuas», entregas de despachos en academias, desfiles y demás actos públicos militares. El texto no salió adelante.


El general asturiano sentía un gran afecto por doña Sofía. Se dice que era mutuo. En una ocasión le preguntaron si la Reina era enérgica y respondió: «Es fuerte, es recia, encaja bien los inconvenientes, los disgustos, las penas... Pero a la vez es delicada, sentimental, espiritual, tierna. Y con sus hijos, exigente y "madraza"».


En enero de 1990 fue nombrado jefe de la Casa. Es el inicio de un período difícil. Algunas publicaciones empiezan a hablar de la vida privada del Rey y de sus «amistades peligrosas», también se publican libros. En algunos círculos se comenta que Puig de la Bellacasa, secretario de la Casa, propicia una operación para que don Felipe asuma la Corona. «Operación Príncipe», se la denomina. Don Juan Carlos lo destituye. «No encajas aquí», le dice. Algo parecido y por similares motivos le sucederá a Fernández Campo en 1993. La amistad de don Juan Carlos con Mario Conde y la decisión del Rey de acceder a un reportaje con la periodista británica Selina Scott y a la biografía de José Luis de Vilallonga le alejan del Monarca. Sobre este último asunto incluso redacta un informe con sus argumentos que entrega al Rey y que, al parecer, no produce ningún efecto. Don Juan Carlos le despide durante un almuerzo al que también asiste doña Sofía.


Catorce años después, durante un multitudinario homenaje que tributan a Fernández Campo en Madrid, recibe una carta del Monarca que el general lee a los más de 700 comensales. En ella, el Rey admite que siempre contó con su «sabio y permanente consejo, desde una lealtad absoluta, perseverancia y serenidad». Y añadía: «Juntos atravesamos momentos difíciles y vivimos procesos históricos».

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