ALICIA LASPRA
CATEDRÁTICA DE FILOLOGÍA INGLESA DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO
Luchando hasta el final. Así es como vivió, y también falleció, el apuesto general don Sabino Fernández Campo, conde de Latores. Figura tan discreta como admirada, tan certera como modesta. Personaje histórico por derecho propio, cuya inteligente actuación le llevó a prestar un servicio impagable a todos los españoles en lo que, para él, no era más que cumplir con su deber.
Quienes han tenido el privilegio de compartir algunos momentos con el matrimonio Fernández Campo saben de su cómplice magia, y del valor instructivo de todo cuanto se decía en tales encuentros. Hasta el último momento mantuvo don Sabino esa agilidad mental que permite ironizar de manera espontánea, siempre dando lecciones no preparadas, exhibiendo el sentido del humor que se deriva de esas habilidades.
Su Asturias está de luto. Su Oviedo, y su Candás de adopción le llorarán doloridos. En una sola cosa le hemos fallado. Un llamativo intento frustrado de nombrarle doctor honoris causa por la Universidad de Oviedo no consiguió extinguir su ilusión por obtener tal honor. Nunca ocultó, aunque jamás proclamó, su decepción. Retomada la iniciativa hace unos meses, lejos de rechazarla, prevaleció el amor por sus orígenes. Nemo patriam quia magna est amat, sed quia sua. Demasiado tarde, querido amigo.
M.ª Teresa nunca estará sola. La fortuna de compartir su vida con alguien tan sabio le habrá preparado para seguir teniéndole a su lado eternamente. Descanse en paz.