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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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J. C. GEA
«Era un hombre inteligente, un personaje con mucho gancho y un gran relator: un relator de primera magnitud». La descripción verbal que el pintor madrileño Álvaro Delgado hace de Sabino Fernández Campo es la misma que, en su momento, quiso plasmar en su descripción pictórica del personaje: los dos retratos que realizó al conde de Latores como parte de su particular panteón de asturianos ilustres. Uno de ellos, junto a otros de esta misma serie, fue donado hace unos meses por el pintor al Museo de Bellas Artes de Asturias, mientras que el otro lucía en el domicilio de Oviedo de Fernández Campo. Ambos pudieron verse públicamente en distintas exposiciones: este último en el CAMCO, y el primero en enero de este año en la Delegación del Principado en Madrid. Justamente, la última ocasión en la que Delgado y su retratado se encontraron.
«Le conocí en el Centro Asturiano de Madrid, no sabría precisar exactamente cuándo. Entablamos conversación, nos entendimos bien y le propuse pintarle un retrato, como parte de los que vengo haciendo a una serie de asturianos ilustres», recuerda el artista madrileño, al que desde hace décadas une con Asturias -y en particular, con Navia, villa de la que es hijo adoptivo- un estrecho vínculo personal y artístico. Sabino Fernández Campo aceptó el ofrecimiento de inmediato.
«Visitó el estudio y nos vimos en alguna otra ocasión para hacer los retratos, y tuvimos ocasión de mantener varias charlas, que se repitieron durante varios encuentros en Madrid, siempre en actos relacionados con Asturias», prosigue Delgado.
En aquellas conversaciones conoció a «un hombre tremendamente ameno, con ese don para la narración y el saber contar que he advertido siempre en los asturianos, y que en su caso se enriquecía además con lo que aportaba su condición de ovetense, y de ovetense de la calle Uría, de una clase social destacada», cuenta Álvaro Delgado sobre su modelo. Otra salvedad caracterizaba, según el pintor, su «don asturiano de relator»: «Aunque siempre había en sus palabras una nota de desenfado, como hombre medido que era nunca sacaba la punta de mala leche que pone pimienta a la forma de contar de los asturianos».
Así quedó retratado Sabino Fernández Campo, al menos en la obra que hoy forma parte de los fondos del Bellas Artes: «Sentado, en mitad de una conversación, hablando con un gesto distendido» en una composición en la que Delgado también suavizó su propia «punta de pimienta» ante lo que le suscitaba el conde de Latores: «Quizá, dentro de mi gama de retatos, le traté con más seriedad de la que acostumbro; fue una forma de manifestar el respeto que me merecían la persona y la función del retratado».
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