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Asturias se volcó en el adiós

l Destacados políticos y protagonistas de la Transición arropan a la familia del conde de Latores en el funeral de la Catedral
l «Nos ha dejado el "sabinismo", una forma genuina de actuar», declara un empresario que colaboró con el presidente Calvo-Sotelo

 
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Oviedo, J. CUARTAS /
J. A. ARDURA
El adiós a Sabino Fernández Campo permitió revivir el espíritu de la Transición en la Catedral de Oviedo. Ministros de esa intensa etapa en la historia de España y políticos de hoy en día se dieron cita y dejaron a un lado, aunque fuera por unas horas, sus diferencias en un funeral que supuso, también, el homenaje y último adiós de la sociedad asturiana a uno de sus más ilustres personajes.

El ex ministro de Asuntos Exteriores Marcelino Oreja Aguirre asistió al funeral en la catedral de Oviedo acompañado de su esposa, Silvia Arburúa. Oreja quiso destacar en la plaza de la Catedral, por la que tantas veces paseó Sabino Fernández Campo, «sus grandes raíces en valores morales y espirituales y su gran defensa de la democracia». Oreja Aguirre, que siguió la homilía del arzobispo auxiliar, Raúl Berzosa, junto a su mujer y al ex lendakari vasco José Antonio Ardanza, no dudó en elogiar la trayectoria del ex jefe de la Casa Real. «Era una persona admirable y, por encima de todo, un hombre leal a España, a la Constitución y a la Corona». Oreja definió a Fernández Campo como «un gran creyente, un cristiano con fe y con esperanza, al que siempre recordaremos con inmenso cariño. Un modelo para todos», concluyó. También el leonés Fernando Suárez, vicepresidente tercero y ministro de Trabajo en el último gobierno de Franco y partícipe de la Transición, acudió al funeral de la Catedral, donde resaltó la «calidad humana» del conde de Latores. Suárez estaba emocionado por la pérdida de «un amigo personal; se va un personaje irrepetible y excepcional».

El presidente del Principado de Asturias, Vicente Álvarez Areces, hizo hincapié en «el respeto y la emoción contenida» vividos en el funeral por Sabino Fernández Campo, «una persona muy querida en Asturias». Areces recalcó el simbolismo de la celebración: «La cantidad de gente que ha asistido significa que su memoria permanece, que ha jugado un papel muy importante y sobre todo se ha hecho querer. Va a ser muy difícil que en nuestra historia democrática recordemos personajes tan importantes que han jugado un papel con la generosidad que él lo hizo». El alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, elogió la participación en el adiós a Sabino Fernández Campo. «Estoy orgulloso de la respuesta de Oviedo. Ha sido un homenaje a uno de los más ilustres asturianos y una demostración del afecto sincero que esta ciudad tiene a Sabino y a su gente». El regidor ovetense agradeció la colaboración de la Iglesia y del arzobispo auxiliar, Raúl Berzosa -«se ha volcado», dijo- y de las instituciones, Principado y Estado, que «fuimos de la mano, codo con codo». El empresario astur-mexicano Plácido Arango, fundador del grupo Vips y único presidente de la Fundación Príncipe de Asturias que acudió al funeral ovetense, expresó su recuerdo emocionado a Fernández Campo, «gran amigo y figura de gran relevancia en la historia reciente de España; siempre llevaba a Asturias en el pensamiento». A la salida del templo, elogió la emotividad de la ceremonia y honras fúnebres al ex jefe de la Casa Real. José Cosmen Adelaida, patriarca de una de las más relevantes estirpes empresariales asturianas y mayor grupo accionarial de Alsa, confesó sentirse emocionado.

«Para mí era el amigo ideal, con el que tenía una gran relación y al que admiraba profundamente. Siempre que se lo pedí me dio consejo, y siempre acertado», declaró Cosmen. Luis Sánchez-Merlo, presidente de la compañía Lantana Capital, S. A., y ex colaborador de Leopoldo Calvo-Sotelo en la Presidencia del Gobierno durante la Transición, fue uno de los que ayer se desplazaron expresamente desde Madrid para acompañar a Sabino en su último retorno a Asturias. Para Sánchez-Merlo «hay que hablar ya del "sabinismo" como una forma de ser y de estar que nos ha dejado Sabino, en cuya forma genuina de actuar aunaba la disciplina del militar, la fineza del diplomático, la estatura moral de un servidor decente y la arquitectura de un hombre de Estado. Todo ello, con un sentido del humor muy propio que le confería un encanto personal, y que en ocasiones podía parecer pesimista, cuando no era más que un burladero de protección». Eduardo Arrojo, nuevo director general de Aucalsa, que fue vecino de Fernández Campo durante unos años, calificó al ex jefe de la Casa del Rey de «figura histórica» y al tiempo dotado de una «sencillez enorme», lo que le convertía en una persona «admirable». Gozaba de una «memoria tremenda» y «siempre tenía palabras amables para todos» y era de trato «cariñoso» y «preocupado por todo el mundo». El pintor Manuel Linares se declaró «emocionado». «Tengo la sensación de que España, y sobre todo los asturianos, nos hemos quedado un poco huérfanos». «Era un preceptor de los asturianos, y el mejor carné que alguien tenía para presentarse a Sabino era decirle que eras asturiano». El empresario radiofónico asturiano Blas Herrero juzgó a Fernández Campo como «la figura asturiana más importante» de este período histórico. «Un gran asturiano que fue un referente en la Transición y de la democracia, y una persona que hay que tomar como ejemplo».

Como «un hombre que ha jugado un papel importante en la historia del país» definió a Fernández Campo la presidenta de la Junta General del Principado, María Jesús Álvarez. «Lo recordaremos sobre todo por su altura de miras en la noche del 23-F, cuando neutralizó el golpe de Estado». Para el secretario general de UGT Asturias, Justo Rodríguez Braga, «la democracia española le debe mucho». Otro sindicalista y viejo luchador por la democracia, José Luis Iglesias, adjunto al secretario general de USO, destacó en Sabino su «afabilidad», su «talante tolerante» y «abierto» y su carácter «cariñoso». «Era, sobre todo, un paisano», afirmó.

Al funeral asistieron también otros empresarios asturianos, caso del presidente de Gam, Pedro Luis Fernández, y el ex diputado regional de la UCD Adolfo Barthe Aza, el también ex diputado nacional Juan Luis de la Vallina y el hijo mayor del ex presidente del Principado Rafael Fernández. «Estoy aquí porque si mi padre pudiera habría acudido. Eran amigos, compartieron momentos intensos en la Transición». Tampoco faltó Antonio Masip, cuyo padre, el ex alcalde Valentín Masip, fue uno de los mejores amigos de juventud de Sabino Fernández Campo.

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