J. C. GEA
Esta ciudad se desayunó ayer con el mayor regalo que se le ha hecho desde que Jovellanos tuvo un par de ideas sobre el aprovechamiento del carbón, la mejora del puerto y algún asunto más de interés local. Dan Brown, el autor más leído del planeta, no sólo ha estado en Gijón: vivió aquí, parece conocernos al dedillo e incluso dejó en la plaza un «affaire» amoroso irresoluto. El feraz y rentabilísimo padre de «El código Da Vinci» salió de marcha por Cimata, tomó cacharros, bailoteó en el Oasis y en Tik e incluso le tiró los tejos (sin éxito) a una nativa, que quizás a estas horas esté mesándose los cabellos. Y parece recordarlo con tanto detalle como cariño. No puede ser tan difícil conseguir que se exponga de nuevo a los encantos de la villa y, una vez aquí, persuadirle para que ambiente en Gijón uno de sus chiripitifláuticos enredos, a ser posible con los dibujos perdidos de Jovino de por medio (el bicentenario de su muerte está al caer: qué ocasión). Incluso si hubiese que untarle, sería una inversión redonda en promoción internacional. Ya veo a Tom Hanks rodando bajo el «Elogio».