Oviedo, L. Á. V.
De Juan Antonio Alfonso se han dicho muchas cosas. Antiguo paracaidista, miembro del FRAP, se ha especulado con que fuese un infiltrado del polémico comisario Roberto Conesa. Lo que sí está demostrado es que la orden de matar a Cubillo partió del propio Estado español. El confidente José Luis Espinosa se puso en contacto con Alfonso en Francia, y desde allí viajó a Argelia con Cortés para hacer el trabajo, que salió mal por la irrupción de una persona en el portal de la vivienda de Cubillo. Eso impidió que le cortasen el cuello.
Alfonso fue detenido unos días después y condenado a muerte. A Cortés le cayeron 20 años. La Justicia argelina también reservó la pena capital para Espinosa, en rebeldía, aunque en 1990 rendiría cuentas ante un juez en España. Alfonso y Cortés fueron indultados siete años después. En 1985, Alfonso regresó a su Boo natal, donde residía su madre. Allí estuvo viviendo tres o cuatro años, hasta que decidió ir a Madrid. «Para buscarme la vida», dijo ayer. No parece haberle ido muy bien. «Estoy fatal económicamente», confesó. El documental suena a tabla de salvación.