PEDRO DE SILVA
Vivir una vida (la que sea, grande o pequeña, si las hubiese) deja detrás una inercia terrible, y esto hace que morirse sea menos sencillo de lo que debiera y de lo que en el fondo es. Ahora está, ahora no está. Punto. El asunto no da para mucho más. Tampoco es raro, al contrario. El cuerpo es un mecanismo milagroso, y lo raro es que pasen los años y siga funcionando como si nada, absorbiendo impactos, compensando fallos, fingiendo salud, aguantando por si. Todo cambio de costumbres se lleva mal, y la costumbre de vivir es la más tenaz que existe. Luego está el nicho ecológico particular (deudos, trajines, deudas), o sea, el sitio que hemos colonizado y ocupamos. Inercia, costumbre y sitio se resisten a dejarnos ir en paz. Después lo único que pasa es que no pasa nada, al menos por aquí. Tan poco pasa, que en un solo día (hoy) podemos conmemorar a todos los muertos habidos hasta ahora.