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Gemelos

Un «Titanic» de nombre asturiano

El transatlántico «Príncipe de Asturias», orgullo de la Marina mercante española, naufragó en la costa brasileña en 1916 y casi quinientas personas perdieron la vida

 
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Francisco García Novell.
Francisco García Novell. 

Oviedo, Raquel L. MURIAS

El 14 de abril de 1912 el «Titanic», el trasatlántico más grande que cruzaba el Atlántico Norte, se hundía al chocar contra un iceberg. Cuatro años más tarde, el trasatlántico más grande del Atlántico Sur, el «Príncipe de Asturias», construido por la compañía española Pinillos, se hundía al chocar contra el arrecife de Ponta de Pirabura, en la isla de Ilhabella, situada en el Estado de São Paulo, en Brasil.

Dos historias gemelas que sólo difieren en que sucedieron en diferentes hemisferios y en que, al contrario que la publicidad mundial que recibió el accidente del «Titanic», el hundimiento del «Príncipe de Asturias» no pasó de las páginas de los diarios regionales de la época.

Ahora el periodista catalán Francisco García Novell trabaja duro en la publicación de un libro que recoge toda la historia del «Titanic español», un relato cargado de lujo, desgracias, tesoros y literatura, un trágico relato que llevaba años bajo del mar, donde todavía están los restos del buque hundido, a 45 metros de profundidad.

El «Príncipe de Asturias» se construyó en Glasgow (Inglaterra), y hacía la ruta entre Barcelona y Buenos Aires. El 15 de agosto de 1914 partió del puerto de la Ciudad Condal por primera vez. Fue su viaje inaugural.

En él viajaban turistas adinerados y, sobre todo, emigrantes que partían desde España hacía América en busca de unas mejores condiciones de vida; pero la mala suerte convirtió en desgracia el que sería el último transporte de españoles en el «Príncipe de Asturias» a la ciudad de Buenos Aires. Y es que el Gobierno español había decidido dejar de subvencionar los viajes de emigrantes a América porque cada vez el flujo migratorio era menor.

El buque español partió por última vez de Barcelona en febrero 1916 e hizo su primera parada en Valencia. Después hizo escala en Almería, Málaga, Cádiz y Las Palmas. Desde la ciudad canaria salió dispuesto a cruzar el océano Atlántico. Ya en América, antes de desembarcar en Buenos Aires, el «Príncipe de Asturias» tenía prevista escala en Santos (Brasil), una parada que nunca llegó a producirse.

Una tormenta inesperada desató toda la bravura del mar. El cielo estaba completamente encapotado, así que el capitán del buque no pudo localizar las señales que emitía el faro de Punta do Bói. «Cuando se dieron cuenta, vieron el faro en la proa, estaban más cerca de la costa de lo que pensaban», explica Novell. «¡Parad máquinas!», mandó el capitán cuando vio lo que se avecinaba. Ya era tarde. El fondo del barco se abrió en dos y en diez minutos el «Príncipe de Asturias» estaba hundido en una zona infestada de tiburones. Más de quinientas personas perecieron en el hundimiento. Sólo unos pocos lograron sobrevivir. Los cientos de cadáveres flotaron hacia las playas y quedaron en la arena pudriéndose lentamente. Era el 5 de marzo de 1916.

El barco de vapor, con capacidad para dos mil personas, apenas llevaba seiscientas a bordo, entre ellos, el abuelo del escritor Julio Cortázar, que pereció en el naufragio. Resulta imposible saber con certeza quién iba en ese barco, porque la compañía Pinillos quebró y al disolverse desaparecieron las listas de embarque de pasajeros, pero Francisco García Novell sigue buscando más información desde que, casi por casualidad, se encontró con esta historia cuando preparaba un reportaje sobre la batalla de Santiago de Cuba.

Además de la tripulación y los pasajeros, el buque, que se conocía entre los marinos como «buque Asturias», llevaba en sus almacenes tesoros de gran valor. Se cree que en sus bodegas se transportaba oro desde España para financiar la revolución del general Zapata en México, y lo que sí se ha podido corroborar es que el «Príncipe de Asturias» transportaba veinte estatuas de bronce, un regalo de la colonia española en Buenos Aires al pueblo argentino. Sólo una de estas figuras, la de una sirena, se ha recuperado entre los restos del barco.

El periodista catalán está enfrascado en la recopilación de la verdadera historia del «Príncipe de Asturias» desde hace dos años, un naufragio sobre el que siempre han sobrevolado muchas leyendas, como la de que el capital del navío, el marino vasco José Lotina Abrisqueta, se había suicidado. «No es cierto, porque se pudo comprobar que su cráneo no tenía ningún disparo», explica Novell.

Sacar a la luz uno de los secretos mejor guardados del Atlántico no es tarea sencilla, por eso Novell ha tenido que ir tirando del hilo poco a poco. Para contactar con las familias de los que iban en el último viaje del «Príncipe de Asturias» envió cientos de cartas, a aquellas personas cuyos apellidos coincidían con las escasas referencias que los diarios regionales de la época hicieron al accidente. No fue sencillo. Ahora el broche de oro sigue debajo del mar. El periodista quiere llegar al fondo de esta historia, descender a 45 metros bajo la superficie para encontrarse con el buque hundido. Para ello ya cuenta con la ayuda de un grupo de submarinistas que aceptan el reto; pero no es fácil, las aguas siguen bravas en Ponta de Pirabura como el día del naufragio y dificultan la misión.

Novell confía en poder llegar a los restos del que fue el más lujoso navío español de la Marina mercante y, así, también desvelar si es verdad que muchos «cazatesoros» han dinamitado el casco del buque para hacerse con el botín. La historia del «Titanic» español está a punto de resolverse, puede que el día del naufragio en el «Príncipe de Asturias» no sonase la música hasta el final, como en el «Titanic», pero se celebraba el Carnaval. Cientos de cadáveres vestidos de colores flotando en el mar. Igual alguno sigue dentro.

El «Titanic» chocó contra un iceberg que destrozó el barco hasta su hundimiento. El «Príncipe de Asturias» colisionó contra un arrecife.

Eran los dos buques más modernos de su época

El «Titanic» tardó dos horas y cuarenta y cinco minutos en hundirse, el buque español sólo diez minutos.

En el «Titanic» sobrevivieron 705 personas, en el «Príncipe de Asturias», 147.

La tormenta y el mal estado de la mar provocaron que los barcos se desorientasen.

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