Querúas (Valdés),
Ignacio PULIDO
Sin que ése fuera su propósito, un vecino de Querúas llamado Fil Rodríguez, conocido simplemente como «Querúas», se anticipó catorce años a una idea puesta en marcha y anunciada como gran originalidad por el gigante de internet Google hace apenas unos meses en su sede de Silicon Valley: el empleo de ganado para limpiar fincas o jardines sin la necesidad de recurrir al manejo de maquinaria.
El declive de las ganaderías y el consiguiente abandono de la actividad en muchos terrenos de la Marina valdesana han convertido la labor de Rodríguez en un servicio único e indispensable. Su particular plantilla de «empleados», compuesta por trescientas sesenta ovejas y unos setenta corderos, se pone las botas mientras deja como una patena trescientas fincas comprendidas entre Cadavedo y Caroyas, el campo de acción del primer pastor-jardinero asturiano.
Sus ovejas segadoras se han anticipado a las cabras de Google. Fil Rodríguez afirma: «Si me lo dicen hace veinte años, no me lo creo». La vida de este pastor está marcada por el duro día a día del campo. Nacido en 1949 en Riodecova, un pequeño pueblo en el concejo de Illano, Rodríguez conoció a temprana edad lo que significaba sacar beneficio a la tierra. «Comencé a trabajar pastoreando ovejas cuando era un guaje. De aquélla había en casa ciento y pico ovejas y cabras, y hubo que deshacerse de todas cuando la "forestal" inició las repoblaciones forzosas», recuerda Fil. En aquel tiempo, «odiaba las ovejas». «Me tenían reventado de crío», enfatiza.
Los muros centenarios de su Riodecova natal fueron poco a poco quedándose huérfanos de moradores. Fil, al igual que muchos otros de sus vecinos, abandonó sus raíces y desempeñó múltiples labores en un periplo que le llevó, junto a su esposa, Ana Carbajales -natural de Castropol-, por varios pueblos del Occidente. «Trabajé en la madera, en granjas y regenté un bar en Querúas. Hace quince años que volví a pastorear ovejas», explica.
Por aquel entonces, la brisa ya no soplaba a favor para los ganaderos. «Al pasar por las "veigas" del Esva en Canero veía muchas de ellas sin limpiar y pensé que quizá podía ser buena idea emplear ovejas para mantenerlas cuidadas», comenta.
Lo que comenzó siendo un pequeño rebaño compuesto por doce ejemplares alcanza hoy la cifra de cuatrocientos animales, entre ovejas y corderos. Las «veigas» se quedaron pequeñas y Fil comenzó a ofrecerse o a recibir peticiones para cuidar más fincas. «El rebaño está divido en tres grupos que voy desplazando en función de las necesidades. Dependiendo de las condiciones del prado, las ovejas pueden tardar tres o cuatro días en limpiar el terreno», precisa.
Fil Rodríguez no paga ni cobra por su servicio. «Los propietarios de los terrenos vienen a mí para ofrecérmelos. Hoy es difícil encontrar a gente para limpiar las fincas», subraya. El beneficio sale de la venta de corderos, que este año no se está dando bien. «Es lo único que da algo de dinero. La lana no la quiere nadie. Creo que la crisis tiene mucho que ver». El precio de las crías ha descendido veinte euros y aun así es difícil dar salida al género. «Años atrás por estas fechas ya estaban todos los corderos vendidos. Este otoño aún me quedan setenta sin vender. Se están pagando a cuarenta euros. Es una miseria, pero no me queda otra opción», lamenta.
Junto a esposa, Fil acude a una finca de Caroyas donde una de sus cuadrillas trabaja bajo la lluvia. Dentro del cercado, «Sultán», un mastín, tutela el rebaño. «Es complicado hacerse con un buen perro. Hay mucho "raposo" y sin un mastín no se lograría ni una cría», afirma mientras acaricia a su fiel compañero y fuma un Celtas. Sabe que su labor es única, pero tiene claro que ser ovejero tiene los días contados. «Los viejos vamos acabándonos y los jóvenes no quieren esto».
Exportado a Silicon Valley
«En lugar de usar ruidosos cortacéspedes que funcionan con gasolina y contaminan, hemos alquilado algunas cabras de la firma California Grazing», explicaba Dan Hoffman, responsable inmobiliario y de espacio de trabajo de Google en el blog de la compañía. «Nos cuesta lo mismo, pero las cabras son mucho más agradables a la vista que los cortacéspedes», añadía Hoffman.
Ecológicas y silenciosas
Así anunció Google el pasado mes de mayo la ampliación de su plantilla con 200 cabras. La función de los nuevos trabajadores del gigante informático se centra en segar las zonas verdes de la sede de la compañía en Mountain View, Silicon Valley. Google lo hizo porque sus responsables consideran las cabras una solución «más ecológica y silenciosa que los tradicionales cortacéspedes». Y todo esto al mismo precio.