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El Navia que desembocó en Manila

Ana de Sequera-Ugarte, embajadora de Filipinas, investigó sus raíces en Grandas de Salime, que se remontan a sus bisabuelos y contribuyen a reforzar su nexo con España

 
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Madrid, Raquel L. MURIAS

Desde Manila, el ovetense Luis Arias, embajador de España en Filipinas, trabaja para estrechar las relaciones entre la República filipina y España. Y en Madrid, desde la calle Eresma, una mujer con raíces asturianas hace lo mismo pero a la inversa. Ana Inés de Sequera-Ugarte, embajadora de Filipinas en España, presume con orgullo de sus raíces, ligadas estrechamente a Grandas de Salime, de donde eran sus bisabuelos y su abuela, los primeros de la saga que emigraron al archipiélago asiático y ex colonia española. Ana de Sequera-Ugarte conoce a la perfección la historia de sus antepasados, que ha tenido mucho que ver en su amor por España y, en especial, por Asturias.

Bisnieta y nieta de asturianos, nació en Manila el 18 de noviembre de 1958. Su abuela materna, Antonia Abad Méndez Villabrille, emigró con su familia desde Grandas de Salime a Filipinas cuando tenía 5 años de edad. Fue ella quien inculcó a la actual embajadora su amor por Asturias, contándole historias y recuerdos del concejo grandalés y de Salime, su pueblo natal, que terminó sumergido bajo las aguas del Navia cuando se construyó la monumental presa. Antonia Abad se casó con Enrique Gómez, un filipino de orígenes españoles y cuya familia poseía grandes negocios en la ciudad de Tarlac: azúcar, café, madera, etcétera. «Nada que ver con la pobreza que por aquel entonces se padecía en los pueblos de Asturias», reseña la embajadora. El matrimonio trabajó en la hacienda «Luisita» que fue comprada por el marqués de Comillas, propietario de la Compañía General de Tabacos de Filipinas, donde Enrique Gómez empezó a trabajar como gerente de la finca.

En Filipinas nacieron también los padres de Ana Inés de Sequera-Ugarte. «Mi abuela, aunque nació en Salime, se acostumbró muy bien a Filipinas, tal es así que hablaba hasta cinco dialectos. Siempre tuvo la ilusión de volver a su pueblo y así lo hizo cuando ya tenía sesenta años», explica la embajadora, que recibió su cargo en España por nombramiento de la presidenta filipina Gloria Macapagal-Arroyo.

En el último viaje que su abuela hizo a Grandas de Salime también estaba su nieta, que recuerda con especial cariño y emoción aquella visita pese a que tenía 8 años de edad. «Hicimos un encuentro con la familia, con nuestros antepasados en Asturias, fue muy emotivo. Sobre todo para mi abuela que volvió a recordar todas sus vivencias de infancia. Mi abuela regresó otra vez en el año 2000», explica Ana Sequera-Ugarte.

La historia del pueblo de Salime está ligada a la familia Sequera o viceversa. El bisabuelo de Ana Inés de Sequera-Ugarte, Antonio Abad Blanco, regentaba junto a su familia una pesquería de salmón en el Navia, cuando aún era el río más salmonero de Asturias.

Antonio Abad Blanco fue el primero en ir a Filipinas. Fue como soldado junto a sus dos hermanos entre el 1885 y 1890. De regreso a España se casó con Teresa Méndez Villabrille, bisabuela de la embajadora y vecina de Vitos. La boda se celebró en 1912 y cuentan los grandaleses que es recordada porque al salir la comitiva, a caballo desde el pueblo de Vitos, el novio hizo a la novia ir al trote y los dos terminaron en el suelo, justo en el paso del puente de Salime. Dicen que la novia, que era muy buena amazona, al contrario de su marido, nunca le perdonó ese tropiezo.

La embajadora guarda «muy buenos recuerdos» de Asturias y de Grandas de Salime. «Los españoles se parecen mucho a los filipinos en el carácter y en la amabilidad», explica. No descarta volver algún día, ya que tiene «mucha familia en Asturias a la que siempre es un gusto volver a ver», asegura.

Si algo se le quedó grabado fue la imagen de su abuela, de rodillas, frente a lo poco que queda del pueblo de Salime, que fue capital del concejo hasta 1836 y que quedó sumergido bajo las aguas embalsadas del Navia. Pudo verlo por que, en ocasiones, muy escasas, el nivel del agua baja y pueden verse parte de las ruinas de esta localidad; piedras, muretes y restos de las casas entre las que se encuentra la de los antepasados de la embajadora de Filipinas en España.

Ana de Sequera-Ugarte, recién enviuda de un vasco acaudalado, confía en estrechar la relación entre filipinos y asturianos. «Siempre ha existido mucho cariño entre nuestros pueblos», asegura ella que tiene vínculos a ambos lados.

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