Oviedo, R. L. M.
«Con cuidadito». Así van los venezolanos por sus calles, da igual que sean por la última barriada del extrarradio de Caracas, que por la avenida más central de la capital. Vicente Trigo es venezolano, allí lleva viviendo toda su vida, tiene más de sesenta años aunque no concreta y asegura que ahora, dada la situación de criminalidad en las calles, «hemos cambiado ciertas costumbres, pero no nos quedamos en casa». Matiza, más de una vez, que sale a la calle y es que, desde que la violencia sufriese el despunte más alto que se recuerda en Venezuela, hay colectivos que aseguran que la indiferencia del Gobierno ante los asesinatos tiene su razón bien estudiada.
Uno de los que defendió este argumento, fue el presidente de la ONG Vive, Alfredo Rodríguez, que declaró a la prensa que el hecho de que el 93% de los crímenes se queden sin resolver responde a la intención del Gobierno de crear el miedo entre la población civil, para que, de esta forma, «se queden en sus casas».
Según Rodríguez, los venezolanos son conscientes de que «entre la Policía existen mafias que se sienten libres para asaltar, robar y asesinar e incluso, en muchas ocasiones, están involucrados en los secuestros». Esa percepción es la que tiene la población. «Estamos inseguros», declara Vicente Trigo.
Por el momento, la comunidad asturiana en Venezuela no ha denunciado ningún secuestro. No así los gallegos afincados en el país venezolano. La comunidad gallega denunció catorce secuestros en la que va de siglo, de los cuales cinco terminaron en muerte. Se cree que las cifras reales pueden superar estos datos, dado el oscurantismo de los datos oficiales. Lo que sí se sabe es en 1998, fallecieron 4.550 personas en Venezuela como consecuencia de la criminalidad; en 2008, la cifra aumentó hasta 14.584. Otro dato relevante es el aumento de los homicidios en la capital, Caracas, que ha pasado de registrar 1.436 en 1998 para subir hasta los 2.165, en 2008. «Con este gobierno éste es el futuro que espera a los venezolanos, ¿qué se puede esperar de alguien que incita a la gente a robar en casa de otro?», remata Nieves Flórez.