Oviedo, L. Á. VEGA
El catedrático de Derecho Constitucional de la UNED Óscar Alzaga (Madrid, 1942) pasó ayer brevemente por Oviedo para presentar el quinto número de la revista «Fundamentos. Cuadernos de teoría del Estado, derecho público e historia constitucional», que elaboran los catedráticos y profesores de Derecho Político de la Universidad de Oviedo, y que en esta ocasión versa sobre la división de poderes. El acto tuvo lugar en la Junta General del Principado. Poco antes, el que fuera presidente del Partido Demócrata Popular y líder de la democracia cristiana hispana tras el hundimiento de UCD, abogó por «un gran pacto» de todo el arco parlamentario contra la corrupción que aflora en el país.
Alzaga, que fue diputado por Madrid entre 1977 y 1986, aseguró que «los ciudadanos tienen perfecto derecho a que haya transparencia con el dinero público y a que los servidores públicos no desvíen ni un sólo céntimo». El catedrático advirtió de que, «cuando una democracia tiene un problema de extensión de la corrupción, no de casos muy puntuales, sino una problemática más amplia, hace falta un gran pacto de todos los dirigentes del arco parlamentario para revisar ese marco en el que se produce».
Fue más allá. «Creo que hay suficiente sentido de la ética como para que haya una revisión y se salga de una situación que los ciudadanos no se merecen», indicó. Alzaga, que salió un poco escaldado de la política, no quiso ofrecer receta alguna para limitar la corrupción, al considerar que deben ser los políticos en activo los que encuentren soluciones.
Con citas a Ortega, Joaquín Ruiz-Giménez -su mentor político, recientemente fallecido-, Dahl, Carl Schmidt o Raymond Aron, su conferencia giró en torno al concepto de convivencia democrática, que distinguió del de coexistencia pacífica. Sin mencionar expresamente a España, aunque con claras referencias a la vida política patria actual, Alzaga lanzó una advertencia sobre los riesgos de la crispación como estrategia electoral de los partidos, el «deporte fácil» de la «crítica agria» y la «confrontación endurecida», al tiempo que defendió el consenso de la Transición. Sólo encontró un defecto, la organización territorial que salió del proceso. «El Título VIII quedó muy abierto, porque no hubo consenso suficiente», indicó.
Óscar Alzaga se marchó con prisa de Oviedo, pues deseaba asistir en Madrid al funeral por su amigo Sabino Fernández Campo.