Oviedo, Raquel L. MURIAS
Si no hay unanimidad en el seno de la Iglesia a la hora de apoyar o no la propuesta del Vaticano que pretende establecer una normativa que impida que se esparzan las cenizas de las personas incineradas, en las funerarias asturianas también hay diferentes posturas al respecto. Es cierto que poco se sabe hasta ahora de cómo se concretará ese código en los ritos funerarios del que se habla en la Conferencia Episcopal, pero las posturas de los que trabajan en el sector ya comienzan a tomar forma.
Desde Funerarias del Occidente, Daniel Iglesias, gerente del tanatorio, asegura que «me parece necesario una normativa en lo referente al medio ambiente, pero existen urnas ecológicas que se deshacen en el agua y que no contaminan». Iglesias sostiene que este debate «no tiene nada que ver con la Iglesia» y defiende que sea «la familia la que decida el destino de las cenizas de sus familiares». Antonio Pesquera trabaja como gerente en Funerarias Reunidas de Asturias, en Oviedo. Él sí ve necesario que la incineración se rija por una ley. «Me parece una aberración que alguna gente tire las cenizas, incluso las urnas, en cualquier lugar. Eso debería estar regulado, no se puede ir lanzando las cenizas por el mundo», explica Pesquera, que añade que en el Mediterráneo «ya se han visto muchas urnas flotando».
Fernando Quince es el presidente de Funerarias del Oriente y cree que este tema atañe «únicamente a la familia», asegura. «¿Quién es la Iglesia ni nadie para decidir lo que se hace con los seres queridos?, en este caso, lo que diga la familia va a misa», concreta.
Las intenciones de la Conferencia Episcopal de regular la incineración han desatado diferentes opiniones tanto entre los que integran la Iglesia como entre los que se dedican al sector funerario.
El doctor en Teología, Filosofía y Economía el gijonés Enrique Méndez Ureña, que trabaja en la Universidad Pontificia de Madrid, asegura que el propósito del Vaticano «parece responder a una intención de poner unas normas a la incineración, tal y como se hace con el enterramiento, yo supongo que el hecho de que no se permita esparcir las cenizas responde a un decoro cristiano», matiza el teólogo asturiano.