PEDRO DE SILVA
Ahora que han pasado tres días de luto por uno de los más grandes actores españoles, se puede añadir o quitar algo. Su modo de interpretar, eficaz, brillante y conmovedor, se servía, haciendo virtud de la necesidad, de un rasgo de los actores españoles: una cierta disfunción entre gesto y palabra, una distancia entre la imagen y el sonido, una paradinha al pegarle al balón, un escalón. Siempre me han intrigado los motivos del desajuste, llegando incluso a ver en él una expresión del afán nacional de resguardarnos tras un papel, salvando el cuerpo tras un burladero. También es posible que en España los actores no hayan hecho teatro desde la infancia, y en su acento interpretativo se muestre la impostación del aprendizaje tardío de las primeras letras. López Vázquez utilizaba tan bien la disfunción inevitable, haciendo de ella un sabio recurso histriónico, que debía estar en el secreto.