Oviedo, José A. ORDÓÑEZ
Asturias queda desconectada de grandes polos de desarrollo económico y social de la Península y de la fachada atlántica europea, tales como el eje gallego-portugués o los que se conforman en torno a la salida vasca a Francia, el valle del Ebro o el Mediterráneo. En un momento en el que, según apuntan los expertos en gestión del territorio, la tendencia internacional camina con paso firme hacia una integración de las regiones a través de redes de comunicación muy malladas, cada vez más complejas y multidireccionales, el diseño de las infraestructuras que maneja el Ministerio de Fomento amenaza con acentuar el endémico déficit de la región en materia de comunicaciones. Lo reconocen especialistas en economía, sociología y geografía.
El Principado, al margen de proyectos como el del AVE del Cantábrico, no sólo se sitúa fuera de un nuevo modelo de comunicaciones cada vez más transversal y menos radial, que ya no mira exclusivamente a Madrid, sino que también deja de lado la mejora de las comunicaciones con los grandes motores económicos de su entorno, que ahora se perfilan con mayor claridad gracias a los proyectos de nuevas líneas de AVE. Se trata del eje que conforman Galicia y el norte de Portugal, con el proyecto de la Alta Velocidad de Vigo a Oporto ya despejado a partir del triunfo electoral de los socialistas en el país luso, y de los que parten desde el País Vasco. Aparte de su potencial propio, Euskadi, que ya ha consolidado a Cantabria bajo su área de influencia, hace las veces de bisagra con Francia y, a partir del nuevo proyecto de AVE al Mediterráneo, también abre camino hacia el Ebro y Levante, donde se ha concentrado el mayor crecimiento del país en los últimos años. El futuro trazado de AVE entre el Cantábrico y el Mediterráneo permitirá la conexión de siete importantes puertos de ambas fachadas marítimas. El Musel queda al margen de una conexión de altas prestaciones de este tipo que no pase por la Meseta.
Más allá de las fronteras geográficas, la Europa actual se organiza en torno a grandes conjuntos o ejes de desarrollo. Asturias se ubica en el atlántico, que va desde Algeciras a las tierras altas de Escocia. Dentro de este vasto territorio, de los menos dinámicos del continente, la región está en el denominado sector cantábrico, de Fuenterrabía a Estaca de Bares. En el análisis que realizan los geógrafos del Ce-Codet de la Universidad de Oviedo, el Principado está considerado como el auténtico «Finisterre occidental». El subsector vasco se ubica en el gozne hispano-francés, mientras que, al Oeste, Galicia conforma un conjunto amplio y potente junto a Portugal. En este contexto, Asturias, a juicio de los especialistas consultados, necesitaría enlazarse con varias redes para ampliar su área de influencia y para asegurar la estabilidad de un área metropolitana que conforma la décima ciudad del arco atlántico.
Aunque los expertos en gestión del territorio sostienen que la clave básica es la conexión Sur (Madrid-vía de la Plata), también dan una gran relevancia a a la red portuguesa y a la salida al Este, a la que ya daba prioridad Pedro de Silva en sus tiempos de presidente del Principado y que, entre otras cosas, no salió adelante por la falta de interés de las comunidades autónomas vecinas, más preocupadas por buscar buenas conexiones hacia Madrid o el Mediterráneo. Ahora, la situación ha cambiado y tanto Cantabria como el País Vasco promueven un modelo que casi olvida a la Meseta y se centra en las salidas a Francia y al Mediterráneo.
La Unión Europea (UE), en el Libro Verde para la política de cohesión, también hace una clara apuesta por la conexión de las áreas periféricas y por que los grandes ejes ferroviarios integren a la mayor parte de las regiones. Sin embargo, pese a esta recomendación, ni el Gobierno regional ni el estatal consideran prioritario el AVE del Cantábrico, que sí reclama la Federación Asturiana de Empresarios (FADE) y que los expertos en gestión del territorio no estiman incompatible con una mejora de los servicios que en estos momentos presta la empresa Feve. Quienes defienden esta infraestructura destacan el hecho de que permitiría conectar con las futuras líneas de Alta Velocidad que vertebran los grandes ejes económicos entre Cantabria y el País Vasco con el Mediterráneo y el que profundizará en las relaciones comerciales entre Galicia y todo el norte de Portugal. Sus detractores insisten en el coste medioambiental y en que la región estará bien conectada con todos los trazados de AVE del país. Eso sí, siempre vía Madrid.