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De Javier Fernández a Francisco Álvarez-Cascos

n El complicado cambio de ciclo en la política asturiana

 
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De Javier Fernández  a Francisco Álvarez-Cascos
De Javier Fernández a Francisco Álvarez-Cascos  

ALBERTO MENÉNDEZ Hace meses que se viene hablando en Asturias de la necesidad de un cambio de ciclo político tras tres legislaturas autonómicas con los mismos personajes como protagonistas de las labores de Gobierno y oposición. Los militantes, las tan traídas y llevadas bases, de los dos principales partidos de la región, PSOE y PP, dejan entrever repetidamente que son partidarios de unos cambios que, al menos de puertas para afuera, también consideran indispensables la mayor parte de los dirigentes de ambas fuerzas políticas, pero?

Pero lo cierto es que nada se mueve y que incluso en las filas socialistas y populares comienza a barajarse la posibilidad de que todo siga igual en las elecciones regionales de 2011, opción totalmente descartada no hace mucho. Superada ya la mitad de la legislatura, la apatía sigue siendo la tónica predominante en ambos partidos.

Que ni en el PSOE ni en el PP se hayan movido a fondo en la búsqueda de sucesores a Vicente Álvarez Areces y Ovidio Sánchez -tan a gusto ambos en sus papeles protagonistas- no implica que la situación en uno y otro partido sea la misma. Hay claras diferencias en lo que respecta al proceso de elección del posible candidato.

El relevo de Areces en las filas socialistas está claro: su sustituto natural es el secretario general de la Federación Socialista Asturiana, Javier Fernández. ¿Cuál es el problema, entonces? No es sólo uno, son dos. El primero, que Areces, en principio, no está dispuesto a dejar vacante el sillón presidencial sin más, es decir, que el actual presidente va a luchar, va a intentar por todos los medios a su alcance repetir una vez más, que sería la cuarta, como cabeza de lista autonómico. Para ello no va estar solo: hay muchos intereses creados en torno a la figura del actual jefe del Ejecutivo. Es mucha la gente que se ha acostumbrado a vivir a la sombra de Areces desde los ya lejanos tiempos en los que era alcalde de Gijón. Pero con ser destacable este primer punto, tampoco le queda a la zaga el segundo, que no es otro que el poco interés que está poniendo Javier Fernández para acabar encabezando la lista regional socialista. El secretario general de los socialistas asturianos se encuentra muy a gusto como está, temeroso, además, de que las urnas le pasen factura a su partido quizás más por lo hecho últimamente en Madrid que por motivos exclusivamente regionales. Las combativas agrupaciones socialistas de las cuencas mineras se han dado cuenta de ello, y han comenzado a presionarle públicamente para que de una vez por todas dé el paso al frente y deje claro a Areces cuáles son sus intenciones. Es de suponer que el mandamás del conocido años atrás como sector del SOMA o «guerrista», José Ángel Fernández Villa, que fue quien colocó a Fernández donde está, no va a dejar pasar ni una oportunidad para exigirle que cumpla cuanto antes con uno de los objetivos para los que fue elegido líder de la FSA en noviembre del año 2000: aspirar a la Presidencia del Principado.

Con dificultades o no, en el PSOE, al menos por ahora, saben a qué juegan. En el PP, no. En estos momentos como posible candidato real a presidir el Principado sólo está Ovidio Sánchez. Nadie más. Ovidio Sánchez, que aunque fue mejorando resultados de unos a otros comicios se ha convertido en el jefe perenne de la oposición en el Principado.

Han sonado otros nombres como posibles sustitutos de Sánchez como figura de cartel electoral, pero sólo uno, adelantado por LA NUEVA ESPAÑA, ha concitado el interés de los militantes populares para bien o para mal: Francisco Álvarez-Cascos, ex vicepresidente del Gobierno y ex ministro de Fomento en los gobiernos de José María Aznar.

Álvarez-Cascos está interesado en volver a la política activa. Y en hacerlo desde Asturias. De eso no cabe ninguna duda. Lo demuestran, tras años de olvido, sus ahora habituales pronunciamientos sobre los asuntos de la actualidad regional. Pero pone condiciones. Y según personas de su máxima confianza, tal como está el partido en estos momentos en la región su regreso es muy difícil. «No va a venir a limpiar letrinas», en palabras de un veterano dirigente popular. «O le despejan el camino desde Madrid o Cascos, aunque le gustaría, no se mueve y todo quedará como está», añadió esta persona, muy cercana al que también fuera secretario general de PP y hombre fuerte del partido en la región durante décadas.

Cascos cuenta en Asturias con grandes defensores, pero también con gran número de detractores. Es evidente que para que una posible candidatura suya -bien en los comicios autonómicos de 2011 o bien en los generales de 2012- salga adelante es no sólo necesario, sino indispensable, que tenga el total respaldo de la dirección nacional del partido, es decir, el visto bueno de Mariano Rajoy. La mayor parte de los dirigentes regionales del PP aseguran que el ex vicepresidente no cuenta con el apoyo del líder nacional del partido. Sin embargo, los «casquistas» están convencidos de que Génova, antes o después, acabará dando el visto bueno a la opción de Cascos, con lo que ello implicaría. Respetando la opinión de unos y otros, lo que se puede asegurar es que las relaciones entre Cascos y Rajoy son frías y distantes desde hace ya bastante tiempo.

También es de dominio público que ninguno de los pesos pesados del PP asturiano, Ovidio Sánchez, Gabino de Lorenzo y Pilar Pardo, fundamentalmente, tienen interés alguno en que Álvarez-Cascos adquiera protagonismo en la política regional. Los tres hace ya mucho tiempo que no hablan para nada con el ex vicepresidente. Éste, por su parte, no es la primera vez que critica a los populares asturianos por, según sus palabras, «haberse instalado en la derrota».

Pero en la política asturiana estamos acostumbrados a las sorpresas. En base a ellas no se puede descartar ninguna opción de cara a las elecciones autonómicas de 2011. Por ejemplo, quién iba a decir que el PP, tras ganar los comicios regionales, lo echaría todo por la borda con la crisis protagonizada por Marqués y Cascos. O quién iba a pensar que Manuel Menéndez protagonizaría en 2009 la mayor operación financiera asturiana al frente de Cajastur cuando en marzo del año 2000 el ya por entonces presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, lo echo, así, sin más, como presidente de la entidad financiera, viéndose obligado a readmitirlo meses después por exigencias de su propio partido, más en concreto, del sector que lideraban José Ángel Fernández Villa y, al menos teóricamente, Javier Fernández.

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