Gijón, R. VALLE
El paso del tiempo no llena el vacío de una ausencia, pero las muestras de cariño ayudan a sobrellevar el dolor. Marisol García y Miriam Suárez, la madre y la hermana del militar asturiano fallecido hoy hace un año en Afganistán víctima de un ataque suicida talibán, reciben esta mañana en la base militar de Figueirido (Pontevedra) otra dosis de amor. Los integrantes de la Brigada Ligera Aerotransportable (Brilat) han decidido rendir tributo a Juan Andrés Suárez García con una misa y un acto militar en el primer aniversario del atentado que le costó la vida al brigada asturiano y a su compañero, el cabo gallego Rubén Alonso Ríos. Para ambos Afganistán, donde sólo llegaron a estar quince días antes de que una furgoneta cargada de explosivos se estrellara contra el blindado en que viajaban, era su primera misión internacional.
Juan Andrés Suárez recibe hoy el cariño de «los de casa». De sus compañeros del cuartel gallego en el que este militar vocacional de 41 años ejercía como especialista en electrónica de comunicaciones tras haberse formado en la vida militar en Calatayud y Lérida y haber estado destinado en Valencia, San Sebastián, Ferrol y Santa Cruz de Tenerife. Nadie olvida en Figueirido al militar asturiano. Y muchos, que no pudieron asistir a su funeral en España hace un año porque debían seguir enjugando sus lágrimas en la base de Camp Stone, al sur de Herat, querían esta vez rezar por él en su hogar y junto a su familia asturiana y su viuda, Consuelo Muiño, que mantiene vivo su recuerdo en el domicilio familiar de Carballo.
Mucho debió de ser el amor que repartió en vida Juan Andrés, «Andresín» para su familia, porque muchas son las pruebas de cariño y consuelo que han ido recogiendo sus familiares a lo largo de estos primeros doce meses de dolorosa ausencia. Palabras de apoyo de quienes más le querían, centenares de telegramas, cartas, mensajes de móvil y correos electrónicos dando el pésame desde todos los puntos de España, reconocimientos militares de sus superiores y homenajes populares en Afganistán, Galicia y Asturias.
Si una plaza de la base americana de Camp Stone, donde los militares españoles hacían vida junto a estadounidenses e italianos, ya lleva el nombre del militar asturiano, en Nuevo Gijón, el barrio que le vio crecer, una calle de nueva construcción espera que se instale una placa con el nombre del vecino perdido en otro continente. Juan Andrés Suárez, el primer hijo del matrimonio formado por el ya fallecido José Antonio Suárez, «Siana», y Marisol García Peña, nació en Mieres, pero cuando tenía sólo cinco años su familia se instaló en Gijón. Las aulas del olvidado Colegio de Pumarín Alto le vieron emborronar sus primeros folios y por las calles de Nuevo Gijón jugó y disfrutó de su niñez y su adolescencia. De Gijón se fue a Aragón con sólo 16 años para hacer realidad su sueño de ser militar. El Ayuntamiento de Gijón respondía el pasado marzo a las numerosas peticiones de vecinos y compañeros de Andresín y le concedía un sitio en el callejero de la ciudad. Los primeros bloques de esta nueva urbanización de mil viviendas ya están construidos. Juan Andrés Suárez empieza a tener vecinos en «su» calle de Gijón.
El homenaje de esta mañana en Figueirido (Pontevedra) es uno más de los que ha recibido el militar asturiano en el ámbito castrense. El más reciente se remonta al cercano 12 de octubre en Madrid, en el acto del día de las Fuerzas Armadas, que en esta ocasión festejaba los veinte años de participación en misiones de paz del Ejército español y se transformó en un tributo de respeto a todos los fallecidos en acto de servicio fuera de las fronteras españolas. El Rey Juan Carlos recibió a la familia más cercana del militar asturiano, que también había compartido su dolor con los Príncipes Felipe y Letizia en el funeral de Estado celebrado en Galicia en noviembre del año pasado.
Ya en enero de este 2009, la madre y hermana de Juan Andrés Suárez recogían una distinción y asistían a una misa en Cabo Noval, espacio que Andresín conocía bien porque su trabajo como especialista en electrónica de telecomunicaciones incluía una revisión anual a los equipos de la instalación militar asturiana. En julio fue Calatayud quien se acordó del militar asturiano asesinado en Afganistán. Para él fue uno de los recuerdos más emotivos de la celebración del 25.º aniversario del Instituto Politécnico del Ejército, una institución ya desaparecida en la que Suárez García inició su carrera militar y puso las bases de su buen hacer profesional como un gran especialista en telecomunicaciones del Ejército de Tierra. Ni que decir tiene que flores y lágrimas no faltaron en el reciente día de Todos los Santos.
Entre las distinciones militares más importantes que se han concedido al brigada asturiano destaca la cruz al Mérito Militar con distintivo rojo, el distintivo de Misiones de Paz, la medalla de la OTAN-ISAF y diplomas tanto de la OTAN como del Estado Mayor del Ejército por los servicios prestados en misiones destinadas al mantenimiento de la paz; pero más que de todos estos honores y medallas, su familia puede presumir de la huella de amor que Juan Andrés Suárez dejó a lo largo de un camino que encontró su fatal desenlace en un lejano Afganistán.
Historia de un álbum
Juan Andrés Suárez García tenía en Afganistán el destino de su primera experiencia internacional. La desgracia hizo que esa experiencia sólo le durara dos semanas. Un atentado suicida organizado por los talibanes acabó con su vida al colisionar con el blindado en el que viajaba un coche cargado de explosivos. El brigada asturiano Suárez García sólo tenía 41 años, pero sus quince días en Afganistán le dieron tiempo para hacer un álbum fotográfico con imágenes propias y con sus compañeros entre los barracones, calles y vehículos que conforman el destacamento militar de Camp Stones, al sur de Herat.