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Entrevista póstuma al conde de Latores
 

Sabino y el profesor del «golpe blando»

El general avaló la tesis de que Armada hizo llegar a la Zarzuela antes del 23-F un plan para un Gobierno de concentración de un «destacado constitucionalista»

 
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Sabino Fernández Campo.
Sabino Fernández Campo. 

Oviedo, M. P.
En la cocción del intento de golpe de Estado del 23-F España oía voces que, de modo más o menos evidente, apostaban por la reconducción política de un país deteriorado a través de un gobierno de concentración presidido por un militar. El «quién es quién» de esos momentos previos a la asonada perdió hace dos semanas un testigo clave con el fallecimiento de Sabino Fernández Campo, pero el general asturiano, discreto hasta el final, se fue dejando algunas pistas. En una de ellas, el ex jefe de la Casa del Rey apunta hacia «un constitucionalista importante español» que firmaba una carta que llegó a la Zarzuela antes del golpe y en la que que se defendía «un gobierno de concentración con personas de todos los partidos» y presidido por «una persona neutral, no política, que podía ser un general, un catedrático, un historiador...». La misiva llegó a manos de Fernández Campo a través de Alfonso Armada y ese gobierno «realmente estaba previsto para él», según afirma el conde de Latores en una entrevista que será incluida en un documental sobre Adolfo Suárez y cuyo contenido publicaba ayer su autor, el periodista Manuel Campo Vidal, en el diario «El País».

Este «plan primitivo, que no tenía nada que ver con lo que sucedió», aparece desvelado ya en diversas publicaciones sobre el 23-F y la transición, y recientemente Abel Hernández, autor del libro «Suárez y el Rey», y varios periodistas de la época apuntaban hacia Carlos Ollero, profesor constitucionalista al que, según esta tesis, «dirigentes socialistas habrían incitado a redactar la propuesta de Armada». Se enmarca esta oferta en aquellos momentos conspirativos del final de 1980 y los comienzos de 1981 en los que el general se postulaba, según algunas fuentes, como tabla de salvación del país en constantes reuniones con dirigentes políticos, como la que mantuvo en octubre de 1980 con Enrique Múgica, hoy Defensor del Pueblo y entonces responsable de defensa en el PSOE, y el que era secretario general del partido en Cataluña, Joan Raventós, en Lérida. De esta comida y de la noticia que tuvo de ella posteriormente, a través del propio Múgica, ha hablado recientemente en sus memorias el ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol.

Tal y como lo cuenta Fernández Campo, el plan, que formaría parte del «golpe blando» cuya paternidad se ha atribuido insistentemente a Armada y casa con los análisis sobre la trama previa al golpe realizados recientemente por LA NUEVA ESPAÑA, «la carta me la mandó a mí (Armada) para que se la hiciera llegar al Rey». En ella, dice, «se hablaba de que, dada la situación difícil en que se encontraban Adolfo y el Gobierno, lo que convendría era hacer un gobierno de concentración. Daba incluso las normas. Sería un gobierno con personas de todos los partidos, de todos, porque el propio Felipe iba a ser vicepresidente, pero luego el presidente era una persona neutral, no política. Podía ser, decía, un general, un catedrático, un historiador. Realmente, estaba previsto para el propio Armada». Felipe González vuelve a aparecer como vicepresidente de un supuesto gobierno de concentración la misma noche del 23-F en la lista del gabinete que Armada habría confeccionado y presentado a Antonio Tejero como salida negociada de la situación, cuando éste tenía retenidos a los diputados en el hemiciclo.

Abel Hernández sostiene que «la solución, al principio, al Rey no le parece mal», pero, según Fernández Campo, ese proyecto era inviable, «no tenía forma, porque ¿qué es lo que se pretendía? ¿Que el Rey se presentara en el Congreso a decir que no cambiara el Gobierno? Eso era imposible. El hacerlo por las buenas... yo no encuentro forma de hacerlo. Y, además, lo que se jugaba el Rey... porque si el Rey hace una propuesta de ese tipo y no le hacen caso, pues queda completamente sin autoridad. No, eso no se hizo, pero se mezcló con el asalto al Congreso por parte de Tejero. Y lo que iba a ser una propuesta pacífica, que no podía hacer más que el Rey y que, por lo tanto, era muy arriesgada, se convirtió en un golpe que ya derivó en la necesidad de salvar a los diputados que estaban en el Congreso».

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