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«Interrogué a un gallego sobre su propio vecino y dijo: ´Sí, le distingo, pero no le conozco´»

«El ministro de Justicia más listo de los que traté fue Pío Cabanillas; cuando no quería dar soluciones te contaba un chiste»

 
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Julio Alberto García Lagares,  en su domicilio de Salinas.
Julio Alberto García Lagares, en su domicilio de Salinas. miki lópez

Julio Alberto García Lagares
Magistrado jubilado y ex presidente del TSJA

Gijón, J. MORÁN

El magistrado jubilado Julio Alberto García Lagares, de 78 años, gallego de origen y afincado en Asturias desde hace cuatro décadas, finaliza en esta tercera entrega de sus «Memorias» para LA NUEVA ESPAÑA, el recorrido por su vida y por sus convicciones sobre la justicia.

l Una cierta preocupación. «Ahora me dedico a realizar dictámenes y arbitrajes, y es una felicidad, pero cuando era juez, en Penal, sobre todo, y en Civil?, cuando tienes que decidir, por ejemplo, sobre la vida económica de una familia, te queda siempre una cierta preocupación. Es difícil, porque cuando las cosas llegan al Juzgado es porque no están claras, si no, no llegaban. Y si tienes un poco de creencia, dices "bueno, que Dios me ayude", y procuras hacerlo lo mejor posible. Siempre me he preguntado por los porqués. No hay dos asesinatos iguales. Me pregunto por las circunstancias, que te ayudan a en entender los hechos, en Penal y en Civil. ¿Por qué este hombre firma este contrato así? ¿Por qué firma estas letras de esta otra forma? No son sólo los hechos, sino lo que hay antes de los hechos resultantes. Buscar el encadenamiento. Hay homicidios que llegas a entender, aunque no los justificas. Hay otros que son una barbaridad. Aquí, en Avilés, un crío de 14 años, que vivía con un viejo que abusaba de él, le metió 15 o 20 puñaladas. Descubres lo que padeció este chico? Ahora bien, lo que hizo es una barbaridad, pero no es lo mismo que el mafioso que mata por matar».

l Soluciones en la noche. «Y el derecho es complicado, y hay casos muy difíciles. Me metía por las tardes en el despacho de mi casa, cogía las pruebas, las ordenaba; ésta pertenece a esto, ésa a lo otro? Después razonaba. Muchas veces no lo vía claro y lo dejaba un día o dos. A veces, incluso de noche me despertaba de pronto. Le pasa a mucha gente con otras tareas. Te despiertas y dices "pues esto es por ahí". Incluso tenía un cuadernito en la mesilla de noche y lo anotaba inmediatamente. Siempre defendí que tenemos que redactar las sentencias no para los abogados, sino para la que las entienda quien solicita la tutela judicial. El juez no está para enseñar derecho y hacer trabajos doctrinales en las sentencias. Tiene que resolver conflictos con hechos probados: el demandante pide esto, el demandado dice esto, y tales artículos son aplicables al caso, y de las pruebas resulta que tiene razón este señor o este otro. No tienes por qué andar diciendo "ya la Ley de las Partidas, ya Alfonso XII?"».

l En el Tribunal Superior. «Dejo Avilés para presidir la Sala de lo Civil del Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA), cuatro o cinco años. Es muy distinto. El juez de un Juzgado unipersonal dicta una sentencia o instruye en solitario. En la sala son tres magistrados, y trabajas con red, digamos. Las deliberaciones eran de varias horas, y las soluciones, compartidas. Me fue muy bien, y con buenos compañeros de sala. Después, me animan en el Consejo General del Poder Judicial para la presidencia de Tribunal Superior de Justicia de Galicia. "Tú, que eres gallego y no estás metido en los líos de allí", me decían. Tenía ganas y, en principio, estaba logrado, pero algunos vocales del Consejo se inclinaron por otra decisión. En el fondo, me alegré. En Asturias era presidente Eduardo Gota, buen presidente, y al jubilarse él me designaron, cuatro años, hasta la jubilación. Es otro mundo: diriges una empresa de 1.500 personas, tienes que estar pendiente de que los Juzgados funcionen, de que los jueces cumplan adecuadamente con su deber. Al mismo tiempo, tienes labores representativas y formas parte de la Sala Civil Penal, que es la encargada de enjuiciar a cargos políticos, aforados. Aquí no hubo, afortunadamente, muchos problemas, pero mírese Valencia, con el "caso Gürtel"?; pero siempre sugerí, también en varios artículos, que el presidente de un tribunal superior no debía formar parte de esa sala, para que no se prestase a malas interpretaciones. Lo tengo comentado incluso con Tini Areces, con quien tenía mucha relación institucional. ¿Y si mañana tienes que juzgar a un presidente autonómico y salen tus fotos abrazándole o en una comida, por todas aquellas relaciones representativas?»

l Se rompe la unidad. «Hoy en día estoy contrariado porque, como muchos compañeros, nosotros luchamos después del franquismo por hacer una justicia cercana al pueblo, más independiente, más rápida. Desde el final del franquismo los jueces de aquel tiempo ya coincidíamos en que la justicia tenía que ser un poder independiente del legislativo y del ejecutivo. Estábamos más o menos integrados en grupos con perspectiva democrática, y hoy se puede pensar que el que pertenecía a estos grupos era de izquierdas, pero entonces no significa ser de izquierdas. Había jueces del Partido Comunista, del Partido Socialista (pocos al comienzo), de la democracia cristiana, e independientes, entre los que yo me incluía. Creamos la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), que aglutinaba todas esas tendencias, pero llegó el segundo congreso, en torno a 1982, y se manifestaron muy abiertamente las tendencias del PC y del PSOE, y entonces se produjo una barbaridad: la separación en grupos. Surgió Jueces para la Democracia. Mi postura era que dentro de la APM hubiera tendencias, en una organización única, pero a los partidos les interesaba un camino independiente. Yo continué como vicepresidente de la APM durante cinco años, y después pertenecí a la permanente hasta hace pocos años.

l Cabanillas, el más listo. «La APM permanecía desligada de cualquier matiz político, aunque después se la identificó con la derecha, pero no era lo cierto, porque dentro del la APM el 80 por ciento era gente independiente, sin afiliación política. Yo propugnaba que se defendía mejor los intereses unitariamente con una sola asociación de jueces. En aquella época, cuando yo era vicepresidente, llamábamos al Ministro y a los dos días te recibía, pero cuando ya hubo cinco o seis asociaciones se perdieron fuerzas para mejorar la justicia, que era lo que en todo momento pretendíamos. Tratamos con varios ministros. El más listo de todos fue Pío Cabanillas, de UCD. Era tan listo que cuando no quería solucionar las cosas te contaba un chiste. A Fernando Ledesma, del PSOE, lo frenaron muchísimo. Él deseaba que el poder judicial fuera realmente autónomo, también económicamente, con su propio presupuesto. Y otras dos cosas: el juez no es independiente si no tiene una Policía Judicial independiente, que no dependa de un órgano político, y que los fiscales no sean nombramiento del Gobierno. El fiscal general tiene unas prerrogativas tremendas y puede decir que un caso vaya por un lado o por el contrario. En cuanto a la Policía Judicial, tuve un caso en Avilés que era una montaña, sobre Banca Catalana, muy complicado. Pedí auxilio policial y no me lo facilitaban. No interesaba políticamente que aquello fuera adelante».

l El control de las alcaldadas. «Y en el presente hay una crisis de la justicia impresionante. Los poderes políticos en el legislativo y el ejecutivo han dominado al poder judicial. Ya con Suárez hubo una depuración y se mandó a la jubilación a gente que era magnífica, porque un juez cuando empieza a ser bueno es cuando tiene de sesenta para arriba. Y a los pocos años empezaron por abajo a entrar, por el cuarto turno, personas más o menos adictas ideológicamente. Luego vino la reforma de 1985 del Consejo General del Poder Judicial, con los nombramientos dictados por el Parlamento, con lo que se nombra según criterios de partido. Que de un juez se diga que está vinculado a un partido es lo peor que le puede pasar. Aunque el juez sea independiente, el hecho de que lo haya propuesto algún partido ya es malo. El poder judicial es controlador de los otros poderes, pero no lo es en beneficio propio, sino en beneficio del ciudadano. El Contencioso-Administrativo, que es el que controla la Administración, las alcaldadas u otras tropelías, tiene un retraso de cinco, seis años, pero no hay interés político en solucionarlo. No hay interés en que la Administración esté controlada rápidamente. El perjuicio que está causando a la vida económica del país es tremendo. ¿Quién se mete en operaciones si sabes que te va a poner obstáculos un ayuntamiento y vas a tardar tres o cuatro años en resolverlo?».

l Apasionado de la justicia. «Tengo "doble nacionalidad", gallega y asturiana; pero somos diferentes. Una anécdota de Juzgado. Estaba interrogando a un gallego sobre un problema de fincas y le pregunté: "¿Conoce usted a este señor?". "No, no le conozco". "¿Cómo que no, si es su vecino?". "Sí, señor juez, le distingo, pero no le conozco". Al gallego le preguntas si es cierto esto, y esto, y esto otro, y te dice: "Mire, señor juez, es que yo soy muy torpe; si me lo leyera otra vez?"; pero lo había entendido desde el principio, y se hace el tonto para que le dé tiempo a pensar. En cambio, en Asturias me pasaba que hacía la pregunta e inmediatamente me respondía la persona: "Sí, sí, señor juez, sí", y yo tenía que aconsejarle que no contestara tan precipitadamente, porque me había dado la impresión de que no había entendido la pregunta. Por encima de todo, soy un hombre que ha sido y es feliz con su trabajo, al que llegué por vocación. Muchos jueces, gente de mi generación que luchamos mucho, estamos un poco frustrados, pero sigo pregonando mis ideas. Soy un juez apasionado por la justicia».

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