PEDRO DE SILVA
Una conmemoración es cosa de la memoria, y suele llegar tarde. Lech Walessa dice, con razón, que el comunismo fue derrotado en la huelga de los astilleros de Gdansk, nueve años antes de la caída del Muro, que, por tanto, carecía ya de consistencia. Sin duda no era un decorado, pero, como no tenía sentido ni función, el derribo del Muro fue más una representación que otra cosa. Con la fiesta de estos días en Berlín ocurre igual. En realidad la gran fiesta por la caída del Muro y del comunismo la vino celebrando el capitalismo durante casi veinte años, dándose el atracón padre a base de ganancias especulativas, sobreexplotación de recursos, precarización del trabajo, conversión de la Bolsa en un casino global y empaquetado de basura para venderla como metal precioso. Los que salen en la foto de Berlín tienen la propia casa hecha un desastre por el vandalismo de la fiesta. ¿De qué se ríen?