La Braña (Las Regueras),
Luján PALACIOS
El hombre que ha revolucionado el mundo de las comunicaciones a nivel planetario no sólo recibió en Asturias el premio «Príncipe» de Investigación Científica y Técnica, Raymond Samuel Tomlinson, inventor del correo electrónico, encontró el pasado mes de octubre en Las Regueras su particular galardón: conocer un rebaño de oveya xalda. Fue un gran día para el científico estadounidense, amante de la cría de ganado ovino.
Tomlinson se movió como pez en el agua por La Braña, un pequeño núcleo rural de Las Regueras, al que se llega por una carretera estrecha, con curvas y algún bache, después de sortear algunas gallinas sueltas que se aventuran con los insectos de la cuneta. Nada que ver con las nuevas tecnologías y, sin embargo, en este bucólico escenario, Samuel Tomlinson, el inventor de los «emilios», se lo pasó a lo grande al conocer esta raza autóctona de ovejas.
Fue el sábado 24 de octubre, justo después de recibir el galardón de manos del Príncipe Felipe, y dejando tras de sí una impresión completamente diferente a la que se le supone a un científico de primera línea. «Es un hombre estupendo, la sencillez personificada, y un grandísimo entendido en animales, especialmente en la cría de ovejas», indica Antón Álvarez Sevilla, propietario de la ganadería que maravilló a Tomlinson y a su mujer, la japonesa Karen Seo.
La llegada del premio «Príncipe» a Las Regueras fue casi una carambola. Tomlinson acudió a su fuente natural de información, internet, nada más saber que le habían concedido el galardón en Asturias. A través del ordenador de su casa en Boston tuvo noticia de la existencia en el Principado de una raza autóctona de ovejas, la xalda, por la que de inmediato surgió su interés. No en vano, la gran afición del científico y su mujer es la cría de ganado ovino, con un proyecto en Estados Unidos para la puesta en marcha de una explotación con varias decenas de cabezas de ganado.
Además de la recepción y ceremonia de entrega de los premios en el teatro Campoamor, Raymond Samuel Tomlinson traía muy bien apuntada en su agenda la misión de visitar a un criador de xalda. Dicho y hecho. A través de la Fundación Príncipe de Asturias, Tomlinson contactó con Antón Álvarez y el sábado siguiente a los premios se presentó en su explotación, en cochazo oficial, con su mujer y una traductora.
El científico pasó toda una larga jornada entre ovejas y asturcones, que aprovechó para documentarse ampliamente acerca de la raza y la cría de los animales. «Tiene previsto montar su granja dentro de un año, con ovejas de las razas ouessant y de la islandesa, ambas del tronco de la xalda», relata Antón Álvarez aún con una sonrisa, una de las experiencias más llamativas de su vida, traduciéndole a un premio «Príncipe» que las ovejas pastan siempre juntas, que los asturcones son también una raza autóctona y que la carne de cordero xaldo es de las más exquisitas que hay.
«Nos preguntó por miles de cosas, es una persona con muchas inquietudes y con una cultura amplísima acerca de la cría de ganado», indica Álvarez, a la par que da pan a las ovejas de su rebaño. Las mismas que hace una semanas fueron palpadas y examinadas minuciosamente por Tomlinson: desde el pelo hasta la forma de la cabeza, de las patas o de las orejas.
Y no sólo eso, el premio «Príncipe» se quedó prendado de las madreñas de la vecina Josefa, un calzado de madera que en su vida había visto, y de los hórreos, unas construcciones de las que también lo quiso saber todo. Después de la lección de asturianía, una comida casera para reponer fuerzas, a base de fabada, cordero xaldo y frisuelos, bastó para convencer al científico de que su visita al campo le sabía a poco.
Tan poco que, al día siguiente, domingo, el matrimonio se apuntó a una excursión a Benia de Onís, donde Antón Álvarez ejercía como jurado de un concurso de cabra bermeya. Allí, los dos estadounidenses se maravillaron con los gochos celtas, la pita pinta y el queso de Gamonéu. Otra jornada intensiva antes de despedirse «con muy buen sabor de boca y la promesa de seguir en contacto», tal y como apunta Antón Álvarez. Como recompensa a los dos días de acompañamiento y guía por los entresijos del campo, el ganadero ha conseguido una de las direcciones de correo electrónico más deseadas: la de su propio inventor.
Porque seguro que Tomlinson le planteará a Antón las dudas que le surjan con las ovejas, primas hermanas de aquellas que visitó un día en Asturias.