Gijón, J. MORÁN
No sólo había ruido de sables, sino también de folios. Un Adolfo Suárez tambaleante y un Ejército tan asediado por la garra de ETA como compungido por las tensiones nacionalistas produjeron en torno a 1980 una efusión de informes y documentos entre los que uno descuella. Es el aludido en diversas ocasiones por el asturiano Sabino Fernández Campo, secretario y jefe del Casa del Rey entre 1977 y 1993, y fallecido el pasado 26 de octubre.
El informe, elaborado por un «constitucionalista» cuyo nombre nunca fue desvelado, llegó a la Casa del Rey en el verano de 1980. Lo entregó el general Alfonso Armada -uno de los condenados después por el golpe del 23-F- a Sabino Fernández Campo. Era «un estudio sobre la situación general de España, que se juzgaba alarmante», ha explicado Fernández Campo en varias entrevistas. En el documento también «se sugería la presentación de una nueva moción de censura (tras la fallida en mayo de 1980, a cargo del PSOE) para desplazar al presidente Suárez y formar un Gobierno de concentración presidido por una persona neutral, sin significación política determinada», añadía el general asturiano.
¿Quién era el autor de dicho informe? Las pistas son divergentes y a veces contradictorias. Fernández Campo nunca lo dijo, «sencillamente porque no lo sabía», explica su viuda, la periodista asturiana María Teresa Álvarez. Y quien entregó el documento a la Casa del Rey, el propio Alfonso Armada, niega a día de hoy su existencia, y, por supuesto, que él fuera el autor. Otros dudan de que tales papeles y otros semejantes fueran recibidos tan copiosamente en la Casa del Rey como se supone. Así lo asegura Agustín Muñoz Grandes, ayudante de campo de don Juan Carlos entre 1979 y 1983, y persona con un papel activo durante la noche del 23-F, como intermediario del Rey ante militares leales o sediciosos.
Sin embargo, las referencias al informe y a su misterioso autor se han multiplicado hasta constituir una de las piezas menos conocidas del «puzle del 23-F», tal y como el propio Sabino Fernández Campo denominaba a la intentona golpista de 1981. El interés por aquel texto y por su autor abarca varios aspectos. Se trataría de algo tangible, papeles, más allá de las conversaciones que los militares cruzaban con el Rey en aquel momento. Además, describiría la arquitectura del «golpe blando» o «golpe de timón» -según expresión de Tarradellas-, es decir, un procedimiento que no violentase en exceso el Estado constitucional y con el que estarían de acuerdo dirigentes de UCD, del PSOE y de otras fuerzas políticas. En particular, los socialistas -Múgica, Raventós y Ciurana- iban a reunirse en octubre de 1980 con Alfonso Armada en el célebre almuerzo de Lérida, del que el general extrajo probablemente la conclusión de que el PSOE sería capaz de votar a un militar al frente de un Gobierno de concentración.
Sin embargo, nadie tiene la certeza sobre la existencia y autoría del informe, aunque existen aproximaciones fiables. «Al palacio de la Zarzuela, antes del 23-F, no sólo llega un informe, sino diversos documentos de posibles soluciones y sobre la salida de Suárez», comenta a LA NUEVA ESPAÑA Francisco Laína García, director de la Seguridad del Estado en la época del golpe, y durante 14 horas jefe de la Comisión Permanente de secretarios de Estado y de subsecretarios, el Gobierno interino creado por el Rey en la noche del 23-F para evitar el vacío de poder.
Laína, que fue, por tanto, la máxima autoridad civil del país en aquellos momentos, juzga que «es muy posible que existiera un documento que era el más importante, el más estudiado y el más estricto jurídicamente, con respeto a la legalidad vigente». ¿El autor? «Carlos Ollero es el nombre más probable», señala Laína, que prepara un libro sobre el 23-F.
Carlos Ollero Gómez (1912-1993) era catedrático de Teoría del Estado y Derecho Constitucional y había sido senador por designación real durante el período constituyente. También perteneció al consejo privado de don Juan y gozaba de la confianza del Rey Juan Carlos.
«Pero el Rey no pidió ese informe, ni ninguno de los muchos papeles que llegaban, cada uno con su solución», apostilla Francisco Laína, quien, no obstante, agrega que «ciertamente hay muchas referencias, comentarios e hipótesis sobre ese documento».
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