Oviedo, P. G.
Los informes de la Sindicatura de Cuentas se han convertido en la sal y pimienta de la política asturiana. Los hay que han servido para que algún alto cargo público llegara a perder las formas ante la Junta. Otros han provocado roces entre el Grupo parlamentario Socialista y su Gobierno. Y otros han acabado enfrentando a los propios síndicos entre sí. Hace meses que el ambiente en la sede que la Sindicatura tiene en la plaza de Riego no es el mejor. Pero hasta ayer no se había escenificado.
Lo hizo la síndica Mercedes Fernández, ex delegada del Gobierno con Aznar y ex candidata al Ayuntamiento de Gijón por el PP, al aparecer dispuesta a no perderse ni un minuto de la comparecencia del síndico mayor Avelino Viejo ayer en la Junta, y mostrándose contrariada en más de una ocasión ante algunos de los argumentos del que fuera consejero de Hacienda en el Gobierno socialista de Juan Luis Rodríguez-Vigil. Nada extraño si se tiene en cuenta que lo hacía mientras escuchaba las reflexiones de Viejo sobre la fiscalización del sector de las empresas públicas -las de este informe gestionan 440 millones de dinero público-, que fue dirigido por la propia Fernández.
Y es que este informe incluyó la fiscalización de cinco empresas, entre ellas la Fundación de la Laboral, contra el criterio de Avelino Viejo. El síndico mayor se basaba en un informe jurídico de Sindicatura, que señala que este grupo de empresas no deberían ser auditadas por la Sindicatura debido a que no cuentan con mayoría pública en su accionariado.
Pero el informe, gracias al apoyo del tercer síndico, Antonio Arias (propuesto por IU para el cargo), y a la abstención de Viejo, salió adelante. En los corrillos se comenzó a asegurar que el pacto de Gobierno PSOE-IU se había transmutado en la Sindicatura en uno PP-IU frente al PSOE, dado el pasado político de los síndicos. Coincidente o no con la pinza Fernández-Arias, la independencia de la Sindicatura comenzó a ponerse en duda desde el bando socialista. Aunque la situación política en torno a la Sindicatura acabó enfriándose, nada volvió a ser igual en la plaza de Riego, donde está su sede. Y prueba de ello fue lo visto ayer. Fernández prefirió seguir desde uno de los bancos destinados a los diputados la comparecencia de su colega, mientras su secretaria tomaba notas, y no usar opciones como hacerlo a través de la web de la Junta del Principado o en un despacho por el circuito cerrado de televisión del Parlamento.
Antes de que Fernández decidiera convertirse en la vigilante del vigilante, José Ramón Pérez Ornia, director general de la RTPA, defendió la gestión de la cadena de radiotelevisión pública.