Oviedo, Marcos PALICIO
El aldabonazo del Instituto Nacional de Estadística resuena en las puertas de los gobiernos. Especialistas en demografía dirigen hacia ellos, hacia sus medidas sociales de fomento de la natalidad o de apertura controlada a la inmigración, la advertencia que esconde el escenario amenazante que se perfila tras las previsiones del INE para la Asturias de 2019. Dentro de una década, adelanta la proyección estadística del organismo, el Principado tendrá 52.721 habitantes menos y mucho más viejos. En el debate sobre la sostenibilidad de una región con esa estructura demográfica, que se completa con el frenazo de todos los flujos migratorios, algunas miradas se vuelven hacia los políticos una vez constatada la certeza de que la evolución que se adelanta para el futuro da continuidad y aliento a las tendencias muy pesimistas que ya se observaban mirando al pasado.
Florentino Felgueroso, profesor de Economía en la Universidad de Oviedo, observa la caída prevista de la población asturiana, la mayor del país en términos relativos, y la enlaza con la «política familiar más pobre de toda España». Son muchos años de señales que conducen en esa dirección a una comunidad que se perpetúa en el crecimiento vegetativo negativo -la diferencia entre los nacimientos y las defunciones- y que insiste en aparecer en las estadísticas con la tasa de natalidad más baja y la de mortalidad más alta de España. A pesar de ello, asegura, «somos la comunidad con menos incentivos a la natalidad» sin que se atisbe «ninguna reacción del gobierno», pero lo peor es que «tampoco lo hemos debatido» y que, a su juicio, esas políticas sociales «incluso se han recortado cuando IU se ha incorporado al gobierno precisamente en ese ámbito». Efectivamente, el Principado acaba de anunciar que se eliminarán.
Felgueroso llama a evitar un escenario en el que «creceremos menos y seremos una comunidad aún más dependiente de las ayudas de las demás». De esa Asturias le preocupa sobre todo «el envejecimiento laboral» y su repercusión sobre «el modelo productivo». Para remediarlo, también «vamos a necesitar mano de obra extranjera, pero cualificada, técnicos y profesionales, aunque para ello será imprescindible competir con otros países europeos y eso es complicado».
Es en esta apertura a la inmigración donde se identifican mejores perspectivas cuando habla Aladino Fernández, profesor de Geografía de la Universidad y ex alcalde de Langreo. «En la situación de Asturias», apunta, «el problema no se va a corregir sólo con políticas pronatalistas. Además, quizá haya que abrirse con claridad hacia una inmigración que sería provechoso encauzar en función de las necesidades de la producción». Y si dentro no hay capacidad para sustituir la población vieja por otra más joven, explica, habrá que buscarla fuera, teniendo en cuenta el desequilibrio demográfico que calcula que «mientras España mantendrá su población en 2050, algunos países africanos la duplicarán». Para él, «la única salida es la compensación del efecto demográfico», sabiendo que en una Asturias más vieja con 50.000 residentes menos «los problemas pueden ser múltiples: pensemos en la necesidad de ingresos de la Seguridad Social o en el incremento del gasto en sanidad o asistencia hospitalaria».
Con las reservas que impone toda predicción, el catedrático de Geografía Tomás Cortizo también observa en la bola de cristal del INE una invitación a «adoptar políticas que inviertan esa situación». En su diagnóstico, «las autoridades de los distintos niveles administrativos deben reflexionar sobre sus medidas sociales de fomento de la natalidad. Y no valen paños calientes. No sirve decir que es una previsión y se puede equivocar, porque ya la situación actual es bastante preocupante. Asturias necesita una política activa de apoyo a las familias que quieren tener descendencia». Y a los inmigrantes, completa también él su argumento, porque en cuanto a su impacto demográfico sigue Asturias detrás de otras regiones y se impone fomentar la «convivencia».
Desde Cataluña, Anna Cabré, directora del Centro de Estudios Demográficos, aprecia en Asturias «un caso particular» por esa escasa incidencia de la inmigración, un caso en realidad «particularmente desfavorable» en atención a su baja fecundidad y elevada mortalidad. Cabré, que intervendrá el lunes en Oviedo dentro del ciclo de conferencias «Desafíos de la democracia, problemas del mundo», organizado con la colaboración de LA NUEVA ESPAÑA, acepta que el Principado «sigue una tendencia consolidada en la última década» y se declara «contraria al fomento de la natalidad, pero partidaria de ayudar a las familias».