ÁNGEL NAVAL BALBÍN
PRESIDENTE DE UNICEF ASTURIAS
Ayer, 20 de noviembre, en UNICEF conmemoramos el XX Aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, suscritos por 193 países allá por el año 1989. No podemos decir que se hayan alcanzado todos los logros previstos, ni tan siquiera los mínimos deseables, pues mientras la infancia de todo el planeta no reciba aquellos derechos que le corresponden no podremos hablar de éxito. Desgraciadamente, estamos aún muy lejos de cumplir los objetivos previstos. Pero, como decía el poeta, el camino se hace al andar. Y en ello estamos. En estos 20 años, merced a la Convención, muchos países han iniciado ese largo trayecto que supone una protección integral a la infancia: modificando sus leyes y priorizando en sus agendas políticas los intereses de niños y niñas. Con ello se han rebajado considerablemente los índices de mortandad, se ha escolarizado a una población infantil cada vez más numerosas y las enfermedades poco a poco van siendo vencidas merced a campañas de vacunación. Podría darles cifras al respecto, pero no utilizaré este espacio que generosamente cede a UNICEF LA NUEVA ESPAÑA para dar datos. Si ustedes tienen interés en conocerlos, en nuestras oficinas estaremos encantados de facilitárselos. Y les digo esto porque de lo que pretendía hablarles aquí es de nuestros niños y niñas: de los niños del Principado de Asturias, que con motivo de esta conmemoración sí tendrán una fiesta. El Observatorio de la Infancia del Principado y el Ayuntamiento de Castrillón han organizado un evento en Piedras Blancas en el que participan niños y niñas de toda Asturias. La actividad, además de solidaria, en cuanto a concienciación se refiere, tuvo un carácter lúdico. Por medio de juegos interactivos intentamos que los más pequeños valoren la importancia que tuvo la Convención para la protección de niños que no tienen tanta suerte como ellos. Intentamos, además, que diferencien bien los conceptos derechos y deberes. No en vano, cada derecho lleva implícito un deber que es necesario inculcar en nuestros menores para su crecimiento personal, para convertirse en adultos responsables. Como verán ustedes, tratamos de conjugar diversión con enseñanza; y para ello, qué mejor que organizar una pequeña fiesta solidaria. De la conciencia del problema que tengan nuestros hijos -pronto hombres y mujeres- va a depender que la Convención llegue a cumplirse un día en su integridad. Ellos serán los gobernantes del futuro, de ellos va a depender alcanzar un mundo mejor, más justo, más solidario. Nosotros tenemos la obligación de formarlos, de facilitarles cuanta información sea necesaria para que tengan en el futuro una corresponsabilidad social amplia.
Dicho lo anterior, aprovecho para recordarles -siempre estoy pidiendo algo, discúlpenme la osadía- que felicitar con tarjetas de UNICEF es aportar un granito de arena para lo dicho, para que se cumplan los Derechos de la Infancia: salud, nutrición, educación? Es lo mínimo a lo que tiene que tener derecho un/a niño/a por el hecho de serlo.