RAÚL BERZOSA
OBISPO ADMINISTRADOR DIOCESANO DE OVIEDO
Ante la noticia del nombramiento del nuevo señor arzobispo, monseñor don Jesús Sanz Montes, deseo hacerme eco, como administrador diocesano y en nombre de nuestro arzobispo emérito, de algunos sentimientos de esta Iglesia que peregrina en Asturias y que me atrevo a resumir en cuatro palabras: agradecimiento, alegría, acogida y Adviento.
Triple agradecimiento: primero, al Dios de todos los dones y ministerios que, en su Hijo, por el Espíritu, sigue enriqueciendo a esta Iglesia. Agradecimiento sincero, al mismo tiempo, al Papa Benedicto XVI por este nombramiento. Y agradecimiento, asimismo, al nuevo señor arzobispo, don Jesús, por haber aceptado presidir en la caridad esta Iglesia de seculares y profundas raíces cristianas.
Alegría. Las campanas de la Catedral y de otros templos del centro de Oviedo, con su festivo volteo, lo han anunciado: «Tenemos nuevo Arzobispo».
Es la mejor noticia de este día, ya esperada desde hace meses, cuando don Carlos Osoro fue trasladado a tierras valencianas.
Esta Iglesia ya ha contado con varios obispos franciscanos en su episcopologio: fray Fernando Álvarez (1293-1295), fray Alonso de Palenzuela (1470-1485), fray Francisco de Orantes y Villena (1581-1584), fray Alonso de Salizanes (1669-1675) y fray Simón García Pedrejón (1684-1687). El último obispo religioso fue el dominico asturiano fray Ramón Martínez Vigil (1884-1904), cuyo nombre está vinculado de forma muy especial a Covadonga.
La alegría, en el caso presente, se ve acrecentada por las cualidades del nuevo prelado diocesano, mostradas en Jaca y en Huesca, sus dos diócesis actuales, y en los diversos encargos encomendados por la Conferencia Episcopal y la Santa Sede.
Acogida. Es ésta, sin duda, una cualidad destacada del pueblo asturiano, tanto en sus ciudadanos como en sus instituciones. Desde ahora, don Jesús, Asturias es también su pueblo, no sólo su Iglesia. Encontrará, se lo aseguro, los brazos y el corazón abiertos de su presbiterio, de los consagrados, de los laicos más comprometidos y de muchas gentes de bien.
Además, usted sabrá valorar y acoger, como respuesta, el más relevante proyecto que podemos ofrecerle: el proceso sinodal en el que estamos inmersos y del que hemos concluido la segunda fase, y que espera su discernimiento, continuidad y aliento como pastor.
Adviento. Este año, para los católicos asturianos, será un Adviento doble. Uno, el Adviento con mayúsculas en espera del Señor que viene. No nos cansaremos de repetir en todos nuestros templos «Marana tha» (Ven, Señor). Y otro adviento, el del nuevo Arzobispo, «que viene en su nombre».
Ambos advientos se muestran llenos de esperanza y de compromiso con los más pobres y con los castigados por la crisis económica que padecemos.
Concluyo con la misma palabra que encabeza este comunicado: agradecimiento.
Agradecimiento sincero a toda la sociedad asturiana por la ayuda que me ha prestado durante estos meses de servicio como administrador diocesano. Gracias, muy especiales, al presbiterio de esta Iglesia y, dentro de él, al Colegio de Consultores, verdadero órgano de consejo durante este tiempo. Gracias, en fin, a don Gabino y a los miembros de la curia diocesana, sin cuya ayuda diaria no hubiera sido posible ejercer mi encomienda.
A la Virgen de Covadonga, la Santina, a San Melchor de Quirós, a nuestros santos mártires y a tantos santos y santas aún sin canonizar -incluidos obispos ejemplares que lo fueron de esta diócesis-, pedimos luz, fuerza, salud y gracia para que don Jesús Sanz pueda llevar adelante su misión. Nuestro nuevo arzobispo, como religioso, ha podido escuchar muchas veces: «Lo que Dios ha comenzado, Él mismo lo lleve a feliz término».
Se lo deseamos de corazón una vez más, al tiempo que le brindamos nuestra colaboración.