«Fui al Palacio Episcopal y dije que venía a hablar de un tema personal, para que no me filtraran», agrega Brotos. Se suma al grupo Juan Carlos Barón, deán de la catedral y amigo de ambos. «Oye, oye, que aquí no filtramos a nadie». El caso es que Pilar Brotos entró al despacho del obispo y éste no le puso el sortijón ante los labios. No había sortijón, sino el normal anillo de obispo, y sin beso. «Parece usted normal», le espetó la mujer, que hoy cuenta cómo «no pasó nada de lo que me habían dicho mis compañeros». Debatieron, «cada uno con su criterio, pero nos hicimos amigos, aunque parezca chocante».
Sanz Montes invita a Pilar y al deán a tomar un café en casa de las monjas que viven junto a su residencia, en la planta superior del Museo Diocesano. Dolores, Asunción y Vitoria, religiosas de la Caridad de Santa Ana, reciben a los visitantes y preparan la mesa. Café con leche y empanada hecha en Tardienta. «Éstas son mis vecinas de enfrente», bromea Sanz Montes, «a las que de vez en cuando les tengo que pedir un poco de pan o de leche». «Bueno, bueno, que se ha ido procurando que no tenga que pedir nada», replica Vitoria, de Navarra, la más incisiva de las tres.
«¿Y qué vamos a hacer ahora con esos chocolates y dulces que le mandan al obispo monjas de toda España?», pregunta el deán. «Sí, sí, que de la última caja de bombones sólo me dejasteis la tarjeta», rememora el mitrado con ironía. «Claro, es que viajas tanto que..., además, lo probamos por tu bien, para comprobar que nada hay envenenado». «Ya, ya?».
«¡Es una putada que te vayas!», exclama de pronto Pilar Broto. Vitoria, la monja, se echa las manos al rostro. «Venga, venga, no te escandalices que a esas palabras las llamáis jaculatorias en Navarra», le dice el deán a la religiosa, y se inicia un episodio de la clásica rivalidad entre navarros y aragoneses. Vitoria replica: «En Navarra lo que contamos es que la Virgen de Estella le dijo a la Pilarica: tú eres aragonesa, pero yo, navarra y con sal». «Pues a mí me habían dicho que la Virgen del Pilar iba a traerse a la de Estella de criada», responde el deán, que no pierde punto de perfección.
«Oye, ¿sabéis aquello que le pasó a la Macarena con la Virgen de Montserrat?», pregunta Sanz para introducir un chiste. «Pues que la sevillana fue a visitarla y llevaba puestas todas sus joyas, y al ver a la Moreneta tan pequeña y negra le dice: "Pero, bueno, ¿cómo te tienen así, tan descuidada y oscura?" Entonces, el niño de la de Montserrat pregunta: "Madre, ¿le tiro la bola?"» (la Virgen de Montserrat tiene en su regazo a Jesús, que sostiene una esfera que simboliza el universo).
Risas y cambio de tercio. El obispo cuenta que «un sacerdote, el decano de los curas de Huesca, don Leo, me ha enviado un Power Point sobre Asturias, sobre su naturaleza, precioso». Sanz Montes rememora su travesía del Cares y su paso por Posada, Caín, Sotres, Arenas de Cabrales? «El día 30 de enero iremos a Oviedo unos cuantos, a tu toma de posesión», señala el deán Barón. «Sí, pero con un autobús para los rezadores y otro para los no rezadores», apostilla Pilar Broto.
Fin del desayuno. «Tengo todavía que escribir unos comentarios al Evangelio y enviarlos, y la carta pastoral de la semana», comenta Sanz Montes, «y después salgo para Madrid». El obispo asiste desde hoy a la plenaria de la Conferencia Episcopal. «Tome este paracetamol, para el trancazo», le asigna la religiosa Asunción. El catarro, ya se sabe, dura siete días con medicamentos y una semana sin ellos.