JAVIER MORÁN
Ya que toca nombramiento de arzobispo, cosa que sucede de guindas a brevas, vamos a dedicarle un triduo de comentarios al suceso. Éste es el segundo, y en él lamentamos haber dicho ayer que poco sentimos que un político se queje de lo que manifieste un obispo. En realidad, queríamos decir que nos molesta menos el llanto de un repúblico que la mudez de un prelado. Es decir, que aunque parezca una exageración al mundo le van quedando muy pocos códigos éticos de una cierta solidez, o tan seguidos y respetables como la Doctrina Social de la Iglesia, la cual, si es leída a fondo, revela que sus cargas de profundidad no son pequeñas. Vemos hoy a obispos que respaldan y animan el trabajo de Cáritas ante la crisis, impagable, pero todavía esperamos el análisis del episcopado español sobre este desastre nacional de los cinco millones de parados.
Es tan sólo un ejemplo de cómo la mudez episcopal puede ser mucho más desconcertante que la voz quebrada de un político. Viniendo a lo nuestro, Jesús Sanz Montes, arzobispo electo de Oviedo, habla mucho y habla claro.
«Nos dará tardes de gloria», decía ayer un compañero del periódico. Pero un amigo oscense, muy cercano al obispo, me indicaba que pese a las apariencias Sanz Montes lo había pasado mal después de escribir aquella carta pastoral titulada «Los idus de marzo», referida al atentado del 11-M. Pedía el prelado claridad en la investigación y nos chocó esta entrada en un asunto tan espinoso. Primero, porque parecía seguir la senda del comunicador Losantos, un radiofonista que llegó a obsesionarse con esta materia hasta el punto de que parecía su particular persecución de Moby Dick. Y segundo, porque se salía de los asuntos habitualmente tratados por los obispos (con todo, en el 11-M hay «hechos desconocidos que desconocemos», según célebre expresión de Donald Rumsfeld).
Pues, pese a todo, esperaremos las tardes de gloria. Porque si el obispo se vuelve soso, ¿quién lo salará? No obstante, el yugo podría resultar pesadísimo. Sanz Montes será el arzobispo más joven de España. Díaz Merchán fue en 1969, cuando llegó a Asturias, el arzobispo más joven de Europa, o poco menos. La proyección del segundo no era en aquel tiempo menor que la del primero. Pero cambios en la barca de Pedro alumbraron otros tiempos.
Tiempos que no volverán, y tiempos que afortunadamente hicieron que don Gabino arraigara en Asturias. Siendo claro.