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Gijón, J. MORÁN
Entre los desafíos que el nuevo arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, hallará en Asturias destacan circunstancias como la escasez de vocaciones al sacerdocio o la celebración del sínodo diocesano. Otro asunto complejo que está en sus manos es el de resolver la crisis de Lumen Dei, la asociación creada en 1967 por el jesuita asturiano Rodrigo Molina y en la que se han producido acusaciones de desórdenes morales y económicos. Sanz Montes fue designado hace unos meses comisario pontificio para resolver este problema. A estos asuntos se refirió particularmente el nuevo arzobispo de Oviedo al atender a LA NUEVA ESPAÑA en Huesca, el pasado sábado, día de su nombramiento. Respecto al Seminario de las dos diócesis que gobernaba y ahora dejará, Huesca y Jaca, su actividad ha sido la de repoblador mediante vocaciones procedentes de diversas latitudes.
l Unos 15 seminaristas en Huesca y Jaca, y ocho en Oviedo. «Ni siquiera sé cuántos seminaristas hay en Oviedo, y se irá viendo lo que podemos hacer. Quizá porque he estudiado en el extranjero, ello me ha permitido una visón de la Iglesia realmente universal y no me resulta incómodo tener en el seminario de Huesca un asiático, un latinoamericano, un africano, un gallego o un andaluz formándose para nuestra Iglesia diocesana. Si estas personas tienen vocación real y quieren vivirla junto a nosotros, no hay más que exigir».
l Feliz conclusión al sínodo. «Un sínodo diocesano es un momento especial y muy positivo, un instrumento que tenemos para ser cristianos en el siglo XXI y en esta sociedad plural, a veces poscristiana, y a veces hostil hacia el cristianismo en algunas partes de la sociedad. Hoy no es igual que cuando todo era claro, cristiano y subvencionado. No se trata de desbaratar nada de lo pasado, pero sería suicida pensar que esto es como ha sido toda la vida. En un sínodo se comparte, se reza y lo hace toda la comunidad cristiana, y espero darle una feliz conclusión».
l La crisis de Lumen Dei. «Es un asunto que se va serenando. Vamos dando pasos porque eran tres las grandes cuestiones. Primero, unas acusaciones realmente graves que tenían en el punto de mira a personas concretas. Esas acusaciones, si eran verdad, eran realmente muy graves, y si no eran verdad, lo grave era la calumnia. Ateniéndome al dictamen final absolutorio de un proceso canónico judicial, tenemos que decir que eran calumnias. En segundo lugar había algún problema de orden económico, que yo no sabía si era una malversación de fondos o era una mala administración de los mismos. En averiguarlo estamos. En cuanto llegué, nombré un equipo de economistas y abogados que son los que, además de mi entender al respecto, están haciendo mucha luz en este asunto. La tercera cuestión es ayudar a que se defina qué es Lumen Dei, porque no tiene una definición canónica y teológica precisa y eso también crea algunas dificultades de orden práctico. Las dos primera cuestiones, que eran las más llamativas, por lo menos mediáticamente, están orientadas, afortunadamente. Pero éste no es el caso de un asunto como los Legionarios de Cristo y el caso del padre Maciel. Ahí, lamentablemente, no son calumnias, sino realidades que están intentando afrontar los herederos de un carisma que paradójicamente pone en marcha una persona que tenía sus contradicciones y debilidades. Finalmente, no sé cuánto durará esta encomienda de Lumen Dei, porque no tiene caducidad mi labor. Cuando acudí al Vaticano me dijeron que cuando esto esté listo dejaré de ser comisario pontificio, lo cual deseo, porque sería señal de que Lumen Dei puede caminar solo, y yo tendré todo el tiempo del mundo para dedicarme a la diócesis, para dedicarme a lo que Dios manda».
El nuevo arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, participó ya ayer en su primera asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal desde que se anunciara su nombramiento. La reunión propició el encuentro de Sanz Montes con sus antecesores en el cargo -Carlos Osoro y Gabino Díaz Merchán-, con los que, como muestran las imágenes superiores, se fundió en un abrazo. Las felicitaciones llovieron para Sanz Montes, mientras que en el País Vasco seguían lloviendo las críticas de los partidos nacionalistas al nuevo prelado de San Sebastián, José Ignacio Munilla.