Oviedo, L. Á. V.
Se dice que todos los niños nacen con un pan bajo el brazo, pero, a la vista de las ayudas que se destinan a las familias en los diferentes países de la Unión Europea, se colige que las hogazas varían mucho de tamaño. Los panes son grandes en países como Luxemburgo, Dinamarca, Suecia, Irlanda, Francia o Alemania, y más bien escasos en naciones como España, Portugal o Italia. En España, además, hay regiones que están eliminando las ayudas directas por nacimiento, como acab de hacer Asturias pese a la fuerte crisis demográfica que sufre.
La falta de estas ayudas no es inocua. Las estadísticas de Eurostat demuestran que sólo aquellos países que dedican más esfuerzo a las familias están comenzando a salir de lo que algunas organizaciones llaman «el invierno demográfico europeo». Es decir, a más ayudas, mayor natalidad. Si se tienen en cuenta estos datos, comienzan a explicarse algunas de las razones de la escasa natalidad asturiana, que, con 1,08 niños por mujer, es de las más bajas de España. Según datos elaborados por el Instituto de Política Familiar a partir de las estadísticas de Eurostat, Luxemburgo dedica a prestaciones para la familia 2.158 euros por persona y año. Su tasa de fecundidad, sin ser una barbaridad, está situada en 1,78 niños por mujer. En Irlanda, donde dedican 865 euros por persona y año, la tasa se ha elevado en los últimos años hasta 2,01 hijos por mujer, cerca de ya de los 2,1 niños por mujer que se precisan para garantizar el recambio generacional. Dinamarca, que dedica 1.363 euros, se ha colocado en 1,84 niños por mujer. Suecia, en 1,88 niños, con 933 euros por persona y año. Y Francia, donde hay 1,98 niños por mujer, dedica 649 euros por persona y año a ayudas familiares. España, según los mismos datos de Eurostat, dedica 212 euros por persona y año. Húngaros, chipriotas y eslovenos reciben más ayudas a la familia que los españoles y, por tanto, los asturianos.
Claro que no todo es pura matemática. La excepción que confirma la regla son los Estados Unidos, donde las ayudas directas a las familias son más bien inexistentes, dada la filosofía social de ese país. Aun así, la tasa de fertilidad se ha elevado en los últimos años hasta los 2,09 niños por mujer, al borde del nivel de recambio.