ARTURO ROMÁN
¿Fue un «show», una «carnavalada» o una «fiesta de instituto»? Varios diarios nacionales, de todas las derivas políticas, han calificado de variopinta manera el mitin socialista del pasado domingo en el Palacio de Congresos de Madrid, en el que Zapatero publicitó la ley de Economía Sostenible que el Gobierno va a aprobar el viernes. Fuera lo que fuera la cosa, lo que está claro es que los socialistas renovaron el género. Como en el buen sexo (eso dicen), los preliminares duraron tanto como el acto en sí. El «acto» era la perorata anticrisis de ZP. Más de 40 minutos duró la presentación del Presidente, que consistió en una entrada triunfal de medio centenar de líderes socialistas en vaqueros y sin corbata, pisando alfombra roja y jaleados por tres falsos periodistas -dos hombres y una mujer- que les hacían entrevistas precocinadas. Todo se remató con el Presidente y su esposa bajando de la gloria política gracias a unas escaleras mecánicas -como si llegasen directamente de la primavera de El Corte Inglés- y besados por una niña «espontánea» que les salió al paso.
Había pantallas gigantes y la tercera planta del Palacio se había convertido en un gran plató con 3.000 de público. La Wall Big Band tocaba en directo grandes éxitos de la Gran Depresión y se puso a interpretar «Te quiero mucho», de Alba Molina, cuando la vicepresidenta De la Vega desfiló por la alfombra roja con unos vaqueros pitillo con menos tabaco que unos celtas cortos. Allí estaban todos los líderes socialistas: los que fueron con González, los que son con Zapatero y los que no pararon de serlo nunca (Rubalcaba), todos obligados a desfilar muy joviales y domingueros, todos sepultados por un tsunami de felicidad socialista. Y entre ellos, el presidente Areces, descorbatado, y el secretario general de la FSA, Javier Fernández, que fue presentado en un pack con otros secretarios regionales como «lo mejor de cada casa» por una periodista figurante. Fue todo un «Saber y ganar» a lo bestia con la intención de dar respuesta a la crisis. Faltó Jordi Hurtado.
Líderes y militantes se mezclaron tanto, tan republicanamente, que muchos preguntaron quién era la mujer de rojo que sentaron a la derecha del padre González. Por la que tanto se preguntó no resultó ser lo que se maliciaba, que ella es Verónica Díaz Muro, secretaria de organización de las Juventudes Socialistas de Madrid.