León, Luján PALACIOS
Sale muy caro, pero merece la pena. Un total de 163 jóvenes, en su inmensa mayoría veinteañeros y entre ellos veinte de asturianos, se presentaron ayer en León a las pruebas de acceso al curso de formación de Renfe-Operadora para la obtención del título de conducción de vehículos ferroviarios de categoría B. Un curso que cuesta la friolera de 20.600 euros, el dinero que muchos de los aspirantes habían ahorrado para otros menesteres, pero que, según está el panorama laboral, prefieren invertir en una ocupación con vistas al futuro. Y eso que el título no garantiza de forma automática un puesto de trabajo.
En principio, estaban convocados 317 aspirantes, pero acudieron más o menos la mitad a las pruebas, que se celebraron en la Facultad de Derecho de León. De ellos, sólo 60 pasarán a las escuelas de formación que la compañía tiene en León, Santiago y Bilbao. Además, la compañía celebraba exámenes simultáneos en Madrid, Barcelona y Sevilla.
«Es una lotería, pero merece la pena intentarlo», indicaba ayer antes de la prueba el gijonés Jairo Cerezal. Por delante, un test psicotécnico de 17 minutos de duración y un examen de Matemáticas, Lengua y Literatura, y Física a nivel de 1.º de Bachillerato. «Es la primera vez que me presento, lo traigo un poco preparado, pero vengo sobre todo a ver qué pasa, porque ahora mismo estoy desempleado», indicaba el asturiano mientras hacía cola para las pruebas.
Lo malo de presentarse al examen de Renfe es «pagar tanto si lo superas para poder hacer el curso, cuando, además, nadie te garantiza trabajo una vez que tengas el título de conducción», reflexionaba Cerezal.
Y es que el coste del curso es el equivalente para muchos al del coche de sus sueños. Raquel Andrés, leonesa, se presentaba a la prueba con una sonrisa radiante y mucha confianza en sí misma. «Ahorré el dinero suficiente y me dije: o compro un coche o pruebo a hacer esto. Vengo preparada y estoy animada; pero si no apruebo, me paso por el concesionario», indicaba a la puerta del aula.
Otros se habían desplazado desde Galicia, como en el caso de Jon Sáez, estudiante de Ciencias Políticas en Santiago de Compostela y natural de Orense. Acompañado de sus padres, guardaba pacientemente su turno para entrar en el aula. A pesar de estar dedicado a una disciplina tan distinta del mundo ferroviario, Jon tenía claro que las dos cosas se pueden compatibilizar. «A ver si hay suerte, parece que no hay demasiada gente y así hay más oportunidades», resumía con un punto de nervios.
Sandra González, por su parte, tenía claro desde hace tiempo que el mundo del ferrocarril es lo suyo. Su padre es maquinista, y lo mismo sus dos abuelos. Así que, aunque estudia Magisterio, ya es la segunda vez que la leonesa se presenta a las pruebas de Renfe. «Es más caro que una carrera y habrá gente que tenga que hipotecarse para conseguirlo, pero es otra opción para conseguir un puesto de trabajo».
Entre los aspirantes a superar las pruebas había ayer una veintena de asturianos. El resto de candidatos procedía del País Vasco, Cantabria, Galicia y Castilla y León, atraídos todos por la posibilidad de optar a un empleo en el futuro. «Lo importante es tener el permiso para conducir vehículos ferroviarios; luego, en función de las plazas que vayan quedando libres, van llamando a la gente», explicaba el lucense Jorge López con la esperanza de pasar la primera selección.
La corrección de las pruebas tendrá lugar el lunes, y está previsto que se publiquen los resultados el martes. A partir de ahí, los que hayan accedido a una plaza de formación tendrán que rascarse los bolsillos y costearse la estancia en la escuela durante los once meses que dura el cursillo. Recompensa: la posibilidad de pilotar un tren.