El «retrato robot» de un pescador de salmones es el de un varón de más de 35 años.
Asturiano y con estudios secundarios.
Trabajador y ocupado.
Sale una media de veinte veces a pescar al año.
Además de dedicarse al salmón, también captura reo o trucha.
Invierte una media de 900 euros por temporada.
Un tercio de los abonados a las asociaciones de pesca asturianas es de fuera del Principado.
En 2010, un total de 6.672 pescadores probará suerte con el salmón en Asturias.
Oviedo, R. L. M.
Hace años que en el área de distribución del salmón atlántico los países han ido aplicando medidas para proteger la especie. La primera de ellas, como si de un mandamiento se tratase, fue la de «no matarás».
España ha sido el último país en sumarse a esta iniciativa, pero parece que finalmente se impone en Asturias para el salmón: la próxima temporada se abrirá y se cerrará con sendos períodos de pesca sin muerte. No resulta fácil «reconvertir» al pescador, que lleva toda su vida viendo cómo los salmones se pescaban para llevarlos y comerlos en casa, con los amigos... Incluso, durante muchos años los salmones fueron la base de la dieta que quitó el hambre de los pueblos durante la posguerra. Al ribereño le cuesta más aún adaptarse a la práctica de la pesca sin muerte, porque siente el río como su casa y, en otros tiempos, los salmones abundaban en cualquier ribera.
Pero lo cierto es que, tal y como explican los pescadores que más de acuerdo se muestran con la nueva normativa, como los representantes de la Asociación de Pesca Fuentes del Narcea o la Real Asociación Asturiana de Pesca, la situación del río no es la misma ahora que hace cuarenta años, así que «habrá que adaptarse», explican. Tal es así que algunos aficionados llegaron a solicitar en el Consejo de Pesca, órgano consultor de la Consejería de Medio Ambiente con el que se debaten las pautas de todas las normativas de pesca, que en la próxima temporada se vedase la pesca.
Pero también es verdad que algunos pescadores hace años que utilizan trucos o artimañas para desviarse de la normativa y poder pescar más: familiares que solicitaban cotos a su nombre, pero que nunca echaban la caña, aficionados que no precintaban los salmones, furtivismo... Justos han pagado por pecadores y, aunque no sólo el pescador ha sido el culpable del descenso de las capturas, los técnicos de la Consejería han sentenciado que había demasiadas cañas para pocos ejemplares.
Desde ahora será mucho más difícil sacar un salmón del río. La justificación está en apoyar la conservación de una especie que se ha convertido en uno de los símbolos de Asturias.