Esta información ha sido elaborada por: C. JIMÉNEZ. (Gijón), M. MANCISIDOR. (Avilés), D. M. (Mieres), M. Á. G. (Langreo), P. G. (Oviedo), M. N. MORO (Siero)
Escepticismo, resignación, indiferencia, unos índices de aceptación más bien escasos y apuesta por la educación antes que tomar medidas imperativas. Así se pueden resumir las reacciones que ha suscitado entre comerciantes y hosteleros de Asturias el decreto aprobado el viernes por el Gobierno de Zapatero, idea del ministro Miguel Sebastián, para limitar la temperatura en locales públicos para fomentar el ahorro de energía. El decreto señala que el termómetro en edificios y locales de uso público no podrá superar los 21 grados en invierno, ni bajar de los 26 grados en verano. Además, los locales con acceso a la calle tendrán que contar con un sistema de cierre de puertas para evitar que permanezcan abiertas más de lo necesario.
En el caso de Avilés, algunos de sus comerciantes ya han optado por llevar a cabo su propio plan de ahorro energético. Así que ni calefacción ni aire acondicionado: temperatura ambiente. Los establecimientos avilesinos ven con buenos ojos la normativa de Sebastián, pero pocos empresarios prestan ya atención a los aparatos calefactores o de aire acondicionado. ¿El motivo? La crisis. «Hay que ahorrar y los pequeños comercios reducimos el gasto principalmente en teléfono y electricidad. Si antes se apagaban las luces a las once de la noche, ahora se apagan a las nueve. Y si antes teníamos durante ocho horas la calefacción encendida, ahora tenemos una estufa cerca del probador», explica Natalia Inclán, responsable de Syldavia. Y añade: «La nueva normativa creo que es interesante y está bien enfocada, pero, en principio, va a afectar más a las grandes superficies, los bancos o los hospitales que a los pequeños comercios, que ya ahorramos todo lo que podemos en calefacción y otras muchas cosas».
Nuria Tamargo, al frente de Melocotón, destaca que en su comercio hay calefacción y que la temperatura se regula mediante un termostato. «Pero ahora es raro que la encendamos porque este local es muy grande y calentarlo cuesta muchísimo dinero, así que a nosotros no nos afecta la normativa del Gobierno. Aquí, si tenemos frío, nos ponemos una chaqueta, y si hace calor, nos la quitamos», subraya.
Patricia Fernández, del mesón Salamanca de Avilés, mantiene la temperatura de su local entre los 16 y los 25 grados. «La calefacción consume muchísimo y creo que cualquier normativa que nos lleve al ahorro será bienvenida. También es necesario educar a la gente en este sentido, hay clientes a los que les gusta la calefacción muy alta, cuando lo importante es que todo el mundo esté cómodo», concluye.
Desde los comercios gijoneses tildan la solución de Sebastián de «absurda» y de «intromisión ilegítima». Los hubo, incluso, que confesaron no sentirse afectados por la normativa al no disponer de ningún sistema de climatización: «Nuestras puertas permanecen abiertas todo el día, aquí tenemos temperatura ambiente», explicaron varios comerciantes del barrio del Carmen.
En el estanco de Jorge García, en la calle gijonesa de Marqués de San Esteban, no ha sentado nada bien la medida. García rechaza la vía de «la imposición, la regulación y la prohibición», y aboga por concienciar y educar más a la población sobre el ahorro energético. De nada sirve que lo apliquemos en las tiendas y luego en casa no se tomen medidas», opina. «Son ganas de crear polémica», se queja ante una normativa que, a su juicio, supone una intromisión en su actividad profesional. «¿Qué más nos van a pedir? Sólo les falta que entren en casa a decirnos qué es lo que tenemos que hacer», recalca.
Por su parte, Luis Enrique Díaz, de la Despensa del Carmen, afirma que si le obligan a disponer de un sistema de cierre de puertas o de regulador de la temperatura sería «ridículo, porque las cosas no están como para que encima nos carguen con más gastos». Y considera que la medida no redundará en un importante ahorro. «Otra cosa es en oficinas y despachos, ahí sí resultaría más eficaz», zanja. Desde Oviedo, Severino Álvarez Zaragoza, presidente de la Federación Asturiana de Comercio (FAC), asume que «todo lo que sea ahorro de energía es positivo», por lo que opina que el decreto «es una decisión acertada». Por el contrario, Ramón del Fresno, presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos de Asturias (ATAPA) entiende que la medida es «una simple cortina de humo para evitar entrar en temas más necesarios».
Por su parte, Juan y José Permuy, propietarios de varios establecimientos hosteleros en Mieres, explicaron ayer que la nueva normativa no tendrá excesiva incidencia en el sector, al menos, en Asturias: «Salvo en locales con unas características singulares relacionadas con un muy amplio o muy pequeño espacio, el aire acondicionado no influye demasiado en el servicio que ofrece un negocio». Estos profesionales sostienen que en invierno los recintos hosteleros de tamaño medio apenas tienen la necesidad de utilizar la calefacción: «Los clientes y la maquinaria que está en funcionamiento mantienen caldeado el ambiente».
«¿Es que va a venir un guardia con un termómetro para comprobar que cumples la normativa?», se pregunta con humor José Orlando Silva, propietario de una cafetería del centro de Sama. Este hostelero dispone de un climatizador que utiliza sobre todo en la época estival. «En verano suelo tener el local a unos 20 grados y la puerta se deja abierta siempre porque tenemos una terraza. Hasta ahora nadie se había quejado de la temperatura, habrá que ver qué dicen los clientes», indica Silva, que no tiene claro si el ahorro energético «beneficiará al Gobierno o a los hosteleros».
Desde Pola de Siero, Sergio del Pozo, gerente del Mesón Siero, está de acuerdo con la norma, que encuentra razonable. «Lo veo bien, porque en algunos lugares hay gente a la que se le va la mano con la calefacción. Suelo poner entre 19 y 20 grados y es suficiente, más que de sobra», sentencia.