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MIKI MOLINA. ACTOR, ACABA DE CELEBRAR EN TINEO SU CUMPLEAÑOS Tineo,
María José IGLESIAS
El actor Miki Molina coquetea con la cámara aunque no la tenga enfrente. Lo mismo recita a Miguel Hernández que canta una de su padre, Antonio Molina. Lleva el sello de la familia grabado a fuego. En él va implícito un cariño a Asturias que el patriarca inculcó a sus ocho hijos. Él es el sexto. Cuando la gira recalaba en Oviedo todos hacían las maletas y viajaban al Norte. Por eso al actor no le costó ni un segundo interrumpir los ensayos de la obra sobre Miguel Hernández, que estrena en Alicante el 25 de enero, para celebrar su cumpleaños en el hotel Palacio de Merás de Tineo. Vino con su mujer, la canadiense Sandra Blakstad.
-Del Miki con un punto «golfo» de la serie «Ana y los siete» al álter ego de Miguel Hernández media un abismo..., ¿es hombre de contrastes?
-Ante todo soy actor. La obra sobre Hernández me tiene absorbido. Recorre sus últimos días en la cárcel. La estrenamos en Alicante el 25 de enero. Estoy totalmente metido en su piel. Era un tipo con una sensibilidad impresionante. Escribió las metáforas más bellas sobre la naturaleza. «Barro», «Sino Sangriento»... sus poesías me vuelven loco. Está plenamente vigente.
-Se llama Miguel, como él, se crio en Ibiza, casi frente a las costas de Alicante. ¿Cree en las casualidades?
-La familia de Hernández dice que él me eligió a mí para el papel. Creo que más bien en la vida hay «causalidades». El destino está marcado, pero entre el punto de partida y el de llegada las decisiones cuentan. Al final llegas a donde debes.
-Algo así dice Saramago. ¿Donde está esa imagen frívola que tanto dio que hablar?
-Las conjeturas a las que llega la gente suelen ser equivocadas. Poca gente me conoce a fondo. Soy muy pasional. Me fastidia la injusticia y me rebelo ante ella. Los valores de este planeta desaparecen. Tengos seis hijos -cuatro de ellos biológicos y otros dos de mi esposa- y me preocupa su futuro y el rumbo que toma la Tierra.
-Obama dice que Michelle es el cabo que le amarra a la tierra. ¿Le pasa a usted lo mismo con Sandra Blakstad?
-Es una buena definición. Sandra es una mujer muy especial. Para mí tiene todo lo que no han tenido las demás. Sólo veo sus virtudes. Llevamos siete años juntos y no le encuentro defectos.
-¿Cómo se conocieron?
-En realidad la conozco desde que tenía 8 años. Es la hermana del marido de Ángela, mi hermana mayor. Estamos juntos porque Dios quiere. Queremos estar juntos y nos los pasamos muy bien.
-Aquellas fotos en el coche con Ana Obregón..., ¿le duele que se le identifique con comportamientos un tanto alocados?
-Me da un poco de pena que la gente se quede con eso, pero tengo un público muy fiel que me quiere mucho. También sé que soy una persona pública. He tratado de disfrutar cada momento. Me ha gustado divertirme, pero he evolucionado por otro camino. Ya tengo 46 años. No son 20.
-¿Entonces ese Miki donjuán y juerguista ya es historia?
-Tampoco es que yo haya sido tan donjuán, creo que fue solamente lo normal.
-¿Es de esos que se paran a hacer balance cuando les toca sumar un año más?
-Me encuentro en un momento estupendo para hacer lo que quiera. Me siento como chaval. Me va muy bien en todos los aspectos de mi vida. Doy gracias a Dios.
-¿Su padre se sentiría orgulloso de usted, aunque no cante?
-Estoy seguro de que sí. Le siento tan vivo y cercano que me cuesta recordar cuánto hace que se murió. Su carga emocional es enorme. Lo noto sobre todo cuando estoy en los teatros. Y bueno, sí que he cantado en algunas películas.
-¿Si tuviera que salvar una canción de su padre?
-Me gusta especialmente «Adiós Lucerito mío». Me acaricia cada vez que la oigo. Esa canción me pone en contacto con Dios. Pero hay otras muchas que me encantan. Entre el 45 y el 59 la discografía de Antonio Molina fue algo espectacular.
-Si fuera americano sería un Frank Sinatra.
-Desde luego. No se imagina la cantidad de gente que se acerca para decirme la magnífica persona que era mi padre.
-Su madre, Ángela Tejedor, es como «la mamma» de España.
-Es que mi madre es absolutamente genial. Nunca fue actriz y Gutiérrez Aragón siempre dice que la vena interpretativa nos viene de ella a Ángela y a mí.
-Habla mucho de Ángela, ¿es su hermana favorita?
-De pequeño yo era su «muñeco». Todos nos llevamos muy bien, pero es cierto que con ella tengo una relación especial. Fíjese que mi mujer es hermana de su marido, Leo.
-Madrid, Asturias, Ibiza... ¿Son los paisajes de su infancia?
-Son lugares en los que me encuentro bien, en paz. Ibiza es mi casa. En Asturias he descubierto el Occidente, los paisajes de Tineo me han impresionado, también la acogida de la gente. Los propietarios del Palacio de Merás se han portado fantásticamente con nosotros. En Asturias el nivel de humanidad es superior a la media.
«Me da un poco de pena que la gente me recuerde por las fotos con Ana Obregón, pero tengo un público que me quiere mucho»
«Estoy ensayando una obra de teatro sobre Miguel Hernández, el poeta que escribió las metáforas más bellas sobre la naturaleza, está en pleno vigor»
Vida en la escena
Miki Molina Tejedor (Madrid, 27 de noviembre de 1963), pertenece a una de las sagas de artistas más conocidas de España. Es el sexto de los ocho hijos del cantante y actor Antonio Molina; hermano de Ángela, Paula, Mónica y Noel y tío de Olivia Molina. Tiene cuatro hijos con tres mujeres, una de ellos nacida de su relación con la actriz Lydia Bosch, en estos momentos envuelta en un asunto judicial con su padrastro, del que el actor no quiere hablar. También considera suyas a las dos hijas de su esposa, Sandra Blakstad.
Debutó en 1980 con la película «Maravillas», de Manuel Gutiérrez Aragón, en el papel de «Miki», mote que adoptó profesionalmente. En 1987 apareció en «La ley del deseo», de Pedro Almodóvar, donde encarna a un joven bisexual de talante independiente. Con Gutiérrez Aragón repite encabezando «Malaventura» (1988). Ha realizado numerosas series para televisión. En 2002 participó en «Ana y los siete», de la que fue abruptamente despedido tras algunas diferencias con la protagonista, Ana Obregón, con la que mantuvo una sonada relación. En 2005 probó suerte como cantante y editó el disco «Desconocido Miki». Ese mismo año integró el reparto de la obra teatral «5gays.com», que compagina con distintos trabajos cinematográficos. Su «Ulises en Ítaca», una adaptación de «La Odisea» estrenada en el Festival de Mérida en 2006, le consagró en el teatro.
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