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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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Oviedo, L. Á. VEGA
«Pensaba que Salvador iba a superar la muerte de mi marido, pero no ha podido», aseguró ayer María José Rama, esposa del guardia civil langreano Juan Carlos Beiro, asesinado por ETA en el pueblo navarro de Leiza, hace siete años. Salvador Meléndez, el compañero malagueño de Beiro, que ahora se recupera en el hospital tras resultar herido en el falso atentado de ETA registrado hace ocho días en la localidad navarra, nunca consiguió olvidar cómo el guardia asturiano se desangraba entre sus brazos y, aunque puso tierra de por medio, terminó solicitando el regreso a Leiza, cosa que cumplió el pasado verano.
«Decía que tenía cosas pendientes que hacer allí», aseguró María José Rama, que se encontró con él el pasado 24 de septiembre, durante el último homenaje al guardia asesinado. «Me quedé paralizada al escucharle. Luego, cuando supe que había habido un herido por arma de fuego, yo ya sabía que había sido él, no podía ser otro. He intentado llamarle por teléfono, pero no está operativo», añadió Rama.
Tras el crimen, los compañeros de Beiro fueron marchándose de Leiza, unos de baja, y otros a destinos lejos de Navarra. Unos meses después, ninguno de los integrantes del destacamento estaba ya en Leiza. Fue el caso de Meléndez, que pasó por varios puestos en los años siguientes, el último en Galicia. Casado y sin hijos, en Leiza apenas se relacionaba con la gente. De hecho, cuando celebró su cumpleaños, poco antes del incidente en el que resultó herido, prefirió ir a cenar fuera del pueblo.
«En Leiza hay un ambiente muy enrarecido, no se puede vivir, la gente es abiertamente batasuna», señala María José Rama. La mujer rememora el ambiente hostil de la localidad navarra, plagada de retratos de etarras y pasquines reclamando el traslado de los presos por terrorismo al País Vasco.
Más terrible aún es el silencio cómplice que rodea el asesinato del guardia asturiano, apenas roto por un pequeño grupo de vecinos. Siete años después no han sido detenidos los terroristas que dejaron la trampa que mató a Beiro, una pancarta con un sarcástico lema: «Guardia Civil, muere aquí». María José Rama asegura que «alguien tuvo que saber quién lo hizo, pero la gente calla».
Esa misma rabia por no saber quién cometió el crimen quizá fue lo que impulsó a Salvador Meléndez a regresar a Leiza. Las «cuentas pendientes» a las que aludía quizá fuesen el descubrimiento y detención de los asesinos de Beiro, y también de aquellos vecinos del pueblo que necesariamente tuvieron que informar a los terroristas.
Juan Carlos Beiro Montes no ha sido el único asesinado en ese pequeño pueblo del valle de Leizarán. Un año largo antes de la muerte del guardia, en julio de 2001, una bomba lapa acabó con la vida de un concejal de Unión del Pueblo Navarro (UPN), José Javier Múgica.
Quienes conocen a Salvador Meléndez aseguran que había regresado única y exclusivamente por su compañero muerto. «Volví para quitarme la espina de Beiro», dicen que aseguraba, según publicó un diario madrileño. También señalan que exhibía un sentido del deber casi obsesivo, ya que era una persona que ponía las obligaciones del servicio por encima de todo.
El incidente de la madrugada del domingo día 29 sigue sin aclararse. ¿Sufrió una enajenación metal? ¿Quiso autolesionarse? Cuando salga del hospital quizá deba enfrentarse a un expediente que posiblemente termine apartándole de la Guardia Civil. Per también es verdad que Meléndez ha sido una víctima más del atentado que segó la vida a su compañero Beiro.
María José Rama entiende la obsesión de Salvador Meléndez. «Los etarras no sólo matan a la víctima, sino todo lo que hay alrededor, a la familia, a los amigos, a los compañeros. Nadie vuelve a ver la vida de la misma forma, nadie vuelve a pensar, ver y sentir de la misma forma. Salvador era una persona diferente después del atentado. Yo también soy una persona diferente», aseguró la mujer, que actualmente reside en Gijón.
«Espero que a Salvador no le pase nada. Vio lo que vio y sufrió lo que sufrió», añadió la viuda de Beiro. Y lo que vio y sufrió fue ver a su compañero muriendo en sus brazos, con el abdomen destrozado por la metralla de la pancarta-bomba.
Homenaje
El último homenaje a Juan Carlos Beiro fue el pasado 24 de septiembre, con motivo del séptimo aniversario del atentado. Al acto, en el que se descubrió una placa conmemorativa en el lugar el atentado, acudió la familia del guardia asesinado, el presidente navarro, Miguel Sanz, y un grupo de vecinos que expresó su apoyo a la viuda de Beiro y lamentó que éste no se hubiese mostrado abiertamente con anterioridad.
Retirada
Por triste que parezca, la placa conmemorativa fue retirada poco después y guardada en el cuartel de Leiza para evitar que sufriese daños a manos de los partidarios de ETA en esta localidad de 3.000 habitantes, en algunos de cuyos muros se exhiben los retratos de varios terroristas.
«Los etarras no sólo matan a la víctima, sino todo lo que hay alrededor; pensaba que Salvador iba a superarlo, pero no ha podido»
<María José Rama
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Viuda de Juan Carlos Beiro
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