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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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MARA VILLAMUZA Oviedo, Marcos PALICIO
«Gaspar no necesita monumentos, sino manos que continúen su labor». El que llama a filas es Andrés Álvarez, párroco de San Federico (Madrid), primer destino de Gaspar García Laviana. Aglutina voluntades en nombre de quienes, dicho y hecho, promueven la fundación que lleva el nombre del misionero y guerrillero asturiano, fallecido en combate en Nicaragua hace hoy 31 años. Desde ayer, en efecto, en la fundación se reclutan manos para recoger «la inmensa herencia» del sacerdote que nació en El Entrego, creció en Tuilla, aprendió conciencia social en Madrid y «se entregó por entero a los demás» en Nicaragua. Literalmente. Por los débiles «se jugó la vida y la perdió», retrata el periodista asturiano Ramón Sánchez-Ocaña, primer presidente de un colectivo de «entusiastas ajenos a cualquier adscripción política» cuya «imagen corporativa» es la labor social emprendida por García Laviana en Centroamérica.
«Es mucho lo que queda por hacer sin tener que jugarnos la vida», justifica Sánchez-Ocaña, persuadido de que su proyecto se vende fundamentalmente haciendo visible lo que dejó García Laviana. La fundación extiende su llamada a todos los «entusiastas» que quieran seguirles y explica que su inspirador no fue un guerrillero «vocacional», que sólo «llegó a empuñar las armas como consecuencia de su entrega a los demás» y que vivió consagrado a «dar respuesta a los que menos tienen, pueden y saben». Esta última semblanza la firma también Andrés Álvarez, el párroco que pisa hoy la iglesia madrileña donde García Laviana trabajó como «sacerdote obrero, incomprendido en aquellos momentos», y donde «se dio cuenta de que en Madrid había muchos curas, de que otras zonas necesitaban profetas que se encarnasen». Ayer, Álvarez compartía mesa en Oviedo con Joaquín Herrera, otro de los que recorren el camino abierto por el sacerdote asturiano. Provincial en Centroamérica de los Misioneros del Sagrado Corazón, promotor de comedores infantiles o centros de formación de campesinos en cuatro de los países más pobres de Latinoamérica, Herrera manda por delante su propia condición de amenazado de muerte y su rebelión contra el drama de los que son, en el fondo, los mismos niños, las mismas mujeres y los mismos campesinos a los que quiso proteger García Laviana. De ahí el aldabonazo en las conciencias y la petición doble que ayer formuló en Oviedo. El misionero, que viajó a Asturias expresamente para asistir a la puesta de largo de la fundación, pidió a los asistentes solidaridad y buen humor. Ayuda porque «si ustedes lo pasan mal, hay gente peor», y alegría, porque «si esta gente no la ha perdido, manténganla también ustedes, así hay esperanza de que se superen los problemas».
De la parte material de las solicitudes se ocupó Franco Rodríguez, secretario de la fundación y encargado de poner precio a la ayuda. Cinco euros al mes y mucha gente, mucha más de la que actualmente da dinero a causas solidarias en España. «No llega al once por ciento de la población», aseguró, nada que ver con el 46 de Francia, el 51 del Reino Unido o el noventa de Estados Unidos.
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