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JESÚS FARPÓN JESÚS FARPÓN Oviedo, Raquel L. MURIAS
Son capaces de tirarse doce horas al volante para llegar a fin de mes, y más en tiempos de crisis, pero si tienen que parar el taxímetro para luchar por sus derechos, lo hacen, no los aparcan. Miles de taxistas de toda España, entre ellos los asturianos, se manifestaron ayer en contra de la ley Ómnibus, que pretende, en su artículo 21, la liberalización del sector, lo que permitirá a cualquiera hacer negocio con el transporte de personas en coches de alquiler sin tener que comprar una licencia de taxi, que no son precisamente baratas. Asturias tiene 1.373 taxistas moviéndose por sus calles y carreteras.
El taxista y el conductor de vehículos de alquiler, que harán el mismo trabajo pero con diferente nombre, se encontrarán a diario esperando a que el semáforo se ponga en verde. «Es una injusticia que nos va a recortar un 30% nuestro negocio», calculaban ayer los taxistas, que pararon en toda Asturias de 11 a 13 horas y se concentraron en Oviedo ante el Nuevo Carlos Tartiere. Además, esta ley también permitirá a las empresas disponer de su propia flota de coches de alquiler para traer y llevar a sus clientes. «Algunas ya lo están haciendo, pero hasta ahora este servicio estaba regulado», explica Marcelino Esteban Álvarez, presidente de Asotaxi en el Principado.
En Asturias había hasta ahora 80 licencias de conductores de vehículos de alquiler. Se concedían basándose en el número de habitantes por regiones, un sistema similar al que rige la apertura de las farmacias, por ejemplo, y sólo podían operar en su región. Si la ley se aplica, no habrá númerus clausus ni límites para hacer el viaje. Todos podrán trabajar en cualquier punto de España.
«Nos enfrentamos a una competencia irregular, todo el que quiera ser conductor de coche de alquiler sólo tendrá que solicitar una concesión en un despacho. ¿Quién nos va a pagar a nosotros las licencias por las que nos hipotecamos de por vida?», se preguntaba ayer indignado Ricardo C. García, un taxista de Oviedo que lleva seis años trabajando al volante de un coche blanco.
Ayer, mientras los taxistas madrileños protestaban a las puertas del Congreso, el Pleno de la Cámara baja aprobaba la ley Ómnibus con 169 votos a favor y 166 en contra, lo que supone asumir la Directiva Europea de Servicios. Todo un batacazo para los taxistas que confiaban en que el Gobierno reculase.
Noelia Castaño tiene 26 años y conduce un taxi en Oviedo desde hace tres. Está desconcertada. «¿Quién contaba con esto?», se preguntaba ayer. Le gusta su trabajo, pero cree que la repercusión de la ley va a ser nefasta y más ahora, en plena recesión, cuando los taxistas asturianos han visto cómo se reducen los viajes al aeropuerto, los servicios de fin de semana y las llamadas de las madres a primera hora de la mañana para no llegar tarde con los niños al colegio. «Los empresarios que venían a negociar a Asturias ya no vienen; lo harán por videoconferencia...», explica con gracia el taxista avilesino Vidal Hernández.
Es la una de la tarde; huelga desconvocada y vuelta al taxi. «Fuertes Acevedo, 10, bajando», dice la emisora. Va el cuatro, a estrellarse contra la liberalización.
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