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NACHO OREJAS JESÚS FARPÓN Oviedo, L. Á. VEGA
El temor a que el Tribunal Constitucional enmiende el Estatuto de Cataluña ha despertado el debate sobre la reforma de la Constitución, en términos aún más profundos y maximalistas que cuando la misma cuestión se planteó en la pasada legislatura. Los constitucionalistas de la Universidad de Oviedo opinan que la reforma de la Carta Magna es necesaria, y además en un sentido federalista, para cerrar el proceso autonómico. No obstante, hay un escollo difícil de soslayar, como es la falta de consenso entre los grandes partidos, e incluso la oposición de los nacionalistas, poco inclinados a aceptar una deriva del Estado contraria a sus tesis confederales.
La clave del problema, según el profesor Benito Aláez Corral, es «la falta de una suficientemente fuerte identidad común» y el «choque de identidades competidoras» que además son débiles y no pueden imponerse. Aláez considera que una forma de superar este enfrentamiento es incluir en la Constitución el nombre de todas las comunidades y sus símbolos, puesto que son «tan Estado como el Estado central». Así, dejaría de tener sentido el término «nacionalidad», que ha terminado equiparándose y asimilándose con el de «nación», aunque técnicamente no son lo mismo, según explica.
También es ineludible delimitar las competencias del Estado y convertir al Senado en un órgano de representación territorial que dé su consentimiento a las leyes con repercusión autonómica, en términos de paridad con el Congreso. Pero para llegar a estas reformas, los grandes partidos deben ponerse de acuerdo. «El PP no quiere prestar apoyo a un Gobierno muy erosionado y el PSOE no quiere aprobar unas reformas menores, porque tampoco les sacaría rendimiento electoral», señaló.
Para el catedrático Ramón Punset, el problema central es la estructura del Estado, y en este punto «hay posiciones muy encontradas». Y es que, «a los nacionalistas, les interesa seguir realizando reformas del Estado que refuerzan el bilateralismo», a través de los diferentes estatutos, y no una modificación integral de la Constitución, que por otro lado no es factible por falta de consenso.
A la Constitución «sí que le harían falta unos retoques en un sentido federal, convirtiendo el Senado en una cámara representativa de las comunidades». Pero, «como eso implica igualdad, los nacionalistas están en contra, quieren ir caminando hacia una confederación, como paso previo a la secesión», remarcó.
La inclusión del término «nacionalidad» en el texto constitucional «se pensó que no tendría consecuencias, pero ninguna expresión es inocente y los aspectos simbólicos tienen una gran fuerza». Según Punset, el término «nacionalidad» conlleva el adjetivo «nacional», y por tanto termina no distinguiéndose de «nación».
El profesor Ignacio Villaverde expresó cierta discrepancia. «Es cierto que 31 años no pasan de balde, pero nuestra Constitución, que nació, como todas, para durar, ha envejecido bien», indicó. Además, la posible reforma puede terminar siendo «más un debate de especialistas que real», y la mayoría de los aspectos que se cambiasen requerirían un referéndum, con el coste que supone.
Para Villaverde, la cuestión territorial sigue siendo un problema. «El Título Octavo (el que hace referencia a la organización del Estado) estuvo muy determinado por las circunstancias y ha perdido sentido», indicó. El profesor opina sin embargo que, tal como están las cosas, mejor no «menealla». «Aunque sería necesaria para aclarar el reparto de competencias e incluir la realidad europea, hoy en día, una reforma significaría abrir una caja de Pandora» de consecuencias impredecibles.
Villaverde negó que hubiese sido un error incluir la palabra «nacionalidad» en la Constitución. «Seguimos sufriendo un cierto franquismo sociológico que no acepta que hay dos o tres realidades territoriales profundamente marcadas. El término "nacionalidad" sirvió en el 78, y hoy puede seguir sirviendo para interiorizar un hecho incontrovertible. Otra cosa es que hay ciertas reglas del juego que se pueden romper, y que Cataluña ha roto», añadió.
Y explicó lo pertinente del término «nacionalidad». «Refleja la diferencia, un territorio que se distingue por su historia y cultura del resto. La alternativa hubiese sido el término "nación", y eso sería inaceptable. Las naciones son distintas y soberanas, aquí sólo es soberano el pueblo español, no se pueden aceptar otras soberanías», dijo.
El catedrático Francisco Bastida opinó que, «si no se ha logrado un consenso para la reforma tal como se planteaba en la legislatura pasada, con asuntos como la igualdad entre hombres y mujeres en el acceso al trono, la inclusión de las autonomías y de la realidad europea en la Constitución, la modificación del papel del Senado y también la reforma electoral, difícilmente se alcanzará un acuerdo en los términos que se están sugiriendo ahora». Para Bastida, «puede ser conveniente una reforma, pero es menos conveniente abrir el debate ahora». El catedrático añadió que «no se pueden plantear reformas a golpe de actualidad». Al fin y al cabo, «la situación no es dramática». Cierto que «se están poniendo en entredicho las competencias del Estado y que la propia Constitución debería cerrar esa apertura, y no los estatutos, como ocurre».
«Los nacionalistas están en contra de una reforma federal, porque implica igualdad»
<Ramón Punset
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Catedrático Dcho. Constitucional
«La clave del problema es la falta de una identidad común lo suficientemente fuerte»
<Benito Aláez
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Profesor Derecho Constitucional
«No se pueden plantear reformas a golpe de actualidad. La situación no es dramática»
<Francisco Bastida
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Catedrático Dcho. Constitucional
«Aunque sería necesaria, una reforma hoy en día significaría abrir una caja de Pandora»
<Ignacio Villaverde
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Profesor Derecho Constitucional
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