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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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LUISMA MURIAS Gijón, J. MORÁN
El abogado ovetense Luis Vega Escandón relata en esta segunda entrega de las «Memorias» para LA NUEVA ESPAÑA su actividad ante el Tribunal de Orden Público y la evolución de su partido democristiano hasta la integración en UCD, bajo el liderazgo de Suárez.
l Un delito para que no lo fuera. «En mi actividad como abogado defendí a cerca de 400 personas ante el Tribunal de Orden Público; y cobrando dos reales, mientras que los abogados que eran de partidos en Madrid cobraban del Socorro Rojo pingües minutas. Es la vida. Tuve muchos juicios en Madrid, y en una ocasión preparé un delito, pero para que no fuera delito, claro. A los encausados se les condenaba por reuniones ilegales, y con una Ley que tenía cuatro artículos que eran del año 1860 y tantos, de cuando la I República española. Estudié aquella ley y esos cuatro artículos y pensé: "Pues muy fácil; si hacemos una reunión donde no concurran ninguna de estas circunstancias, pues no será delito". Las circunstancias eran que estaba prohibido reunirse en locales cerrados, en plazas o mercados públicos, y tal. Punto. Lo demás no estaba prohibido. Entonces viene a verme Aurelio González, socialista del SOMA, que era de Mieres y padecía silicosis. Querían organizar una reunión en Mieres, por un asunto de silicóticos. "¿Cuántos vais a ser?". "Como 2.000, en un sitio donde hacen bailes". Le repuse: "Vamos a hacer bien las cosas. Ni plaza, ni calle, ni loca cerrado; vosotros os vais a reunir en un prado. Y todos los que hablen, que lo hagan de silicosis; lo que sea: que si se cobra poco, que si estáis mal atendidos, lo que sea. Que van a detener a algunos es impepinable, pero luego saldremos absueltos". Yo hablaba así, en primera persona, como si fuera a acudir».
l Vecino de Claudio Ramos. «Se reunieron 2.000 personas y el prado estaba rodeado por la Guardia Civil, que tenía el mismo verde que la hierba, por los uniformes. Y efectivamente detuvieron a los ocho que habían hablado. Me moví, fui a Madrid y primero logré sacarlos de la cárcel. Después, el juicio. Y absueltos, porque no era un sitio público. Cómo sería que el fiscal de la Audiencia de Oviedo se pone en contacto conmigo y me dice: "Oye Luis, que me llaman varios compañeros fiscales y que quieren tener un copia de tu escrito en el juicio ese en el que absolvieron a todos lo del prado". "Ocupa un folio; te mando copia". El tribunal de Orden Público estaba en Madrid, en el edifico del Tribunal Supremo. Las acciones previas las hacia la Policía, o el Gobernador Civil o el fiscal de aquí, si se lo mandaban. Al comienzo fui el único abogado de Asturias en esta labor. Luego ya hubo más abogados. A veces había causas de 20 o más personas en un solo juicio, mujeres incluso. Iba a ver a los detenidos a la prisión de Carabanchel. Nunca tuve problemas con el régimen, a pesar de que sabían de sobra de mi actividad como abogado. Es más, viví en una casa en la que mi vecino era el jefe de policía Claudio Ramos, el que atizaba, por lo visto».
l Ruptura democristiana. «En 1962, los democristianos nos habíamos integrado en el partido Izquierda Democrática, de Ruiz-Giménez, y lo que pedimos nosotros es que quitaran lo de "izquierda", para evitar confusiones. En lo demás no había ninguna diferencia en aquel momento. Más tarde, cuando al comienzo de la transición hubo libertad para que los partidos que habían sido clandestinos celebraran sus congresos, tuvimos nosotros uno, en 1976. Se convino una reunión en El Escorial y acudimos tres partidos que se podían haber fundido en uno, pero no fue así. Estaba el grupo de Gil-Robles, Federación Popular Democrática (FPD), y otro partido más pequeño, también democristiano, o liberal. No estoy ahora seguro, ya que fueron tantas cosas las que hicimos y deshicimos en aquellos años que tengo la cabeza loca. En la cita también estaba nuestro partido, presidido por Joaquín Ruiz-Giménez y en el que yo era uno de los vicepresidentes. Los comunistas y socialistas había creado sus plataformas democráticas en París, y nuestro partido acordó en el ejecutivo nacional que no podíamos pactar con los comunistas, y que si convenía pactar, se haría con los socialistas. Entonces va Joaquín y firma con las dos. Así que estábamos en El Escorial los tres grupos, para reunirnos primero por separado y luego para fusionarnos en uno. En cuanto llegamos allí y empezó el acto de nuestro partido, alguien informó de que Joaquín había firmado con los comunistas y se armó el cacao. En vez de salir un grupo, salimos cuatro de allí».
l Hacia UCD, un partido flexible. «Tras esa ruptura de 1976, fundamos el Partido Demócrata Cristiano, con Fernando Álvarez de Miranda en la presidencia. Quedamos en que había que unirnos con otros democristianos y Fernando venía siendo la persona sobresaliente de nuestro grupo. Era entregado y serio. Hoy está ciego, como mi hermano, por lo de la mácula. Total, que no se perdió ni un democristiano tras aquel lió con Joaquín Ruiz-Giménez, que se empeñaba en cosas imposibles. En 1977 se formo Unión de Centro Democrático (UCD) como coalición de partidos. Estábamos los democristianos de Álvarez de Miranda, los socialdemócratas de Fernández Ordóñez, los liberales de Garrigues Walker, etcétera. Al año siguiente, en agosto de 1977, se transformó en un partido político. Lo de la variedad de siglas en aquel momento no importó nada, porque lo relevante es que todas las personas que nos integramos en UCD coincidíamos en lo esencial. Otero Novas, Martín Villa, Pío Cabanillas, etcétera, eran hombres con mucha flexibilidad. Vi que además de ser personas inteligentes tenían flexibilidad y no se emperraban en situaciones inamovibles».
l La persona más adecuada. «Y Adolfo Suárez era un líder nato. A mí, que no le conocía de nada antes de que el Rey le nombrara presidente, como la mayoría, me pareció la persona más adecuada que había en España para hacer lo que hizo. Ahora bien, que una vez que logró aquello, ya no pudo hacer más, o se le agotó la energía. Nosotros estábamos reunidos, 23 o 24 democristianos, en un local que teníamos clandestino en la Gran Vía de Madrid, numero 25 cuarto derecha como, bajo el nombre de Movimiento Europeo. Estábamos reunidos allí, aquel día del verano de 1976, en el que el Rey iba a nombrar presidente del Gobierno, y llega Gregorio Marañón nieto, que fue director del Banco Urquijo, que tenía mucha relación por su posición y sus negocios con la Embajada americana. Y nos dijo: "Vengo de la Embajada de EE UU, ¿y sabéis a quién van a nombrar". Nadie tenía ni idea. "A Adolfo Suárez González"».
l Habilidad en todos los sentidos. «Suárez tenía un carisma bárbaro; hablaba muy bien y atendía a todo el mundo. Era un hombre con habilidad en todos los sentidos, y que aceptó la ideología de todo el mundo sin rechistar y sin poner ninguna pega. Cuando iba de viaje era muy bueno. Vino a Asturias, la primera vez y como no teníamos un duro lo llevaba un sobrino mío en el coche de su padre. Llegamos a San Jorge, una aldea al lado de Luanco; era la fiesta de los agricultores y había una romería. "Venga, tienes que ir a estos sitios donde te vea la gente", le decíamos. Llegaba y sucedía que la gente le trataba como si le conociera de toda la vida, y él igual con ellos. Sabía comportarse en cada sitio. Había tenido cargos en el Movimiento, qué duda cabe, pero a alguien había que poner. El carisma personal que tenía era fantástico. Y desde hace un año ni habla, por el Alzheimer. Lo que es la vida».
l Muchas cabezas con ambición. «Lo hizo muy bien; lo que pasa es que la segunda fase ya no la supo plantear bien, y entonces vino la ruptura de unos y otros. No está claro cómo fue todo aquel proceso. Para mí fue que quizá había muchas cabezas arriba, que tenían muchas ambiciones. Esta gente de Madrid? Nosotros íbamos de Asturias, una provincia, donde éramos de otra manera. Había menos ambiciones aquí, pero allí había un paquete de gente que valía mucho, no digo lo contrario (algunos no tanto como se dijo), pero pretendían manejar todo el cotarro y a Suárez lo desbordan. Yo creo que el todavía tenía energía para seguir, y tal vez no la utilizó para quitar a algunos ambiciosos de delante».
«Contra las condenas del Tribunal de Orden Público por reuniones ilegales preparé un delito, pero para que no fuera delito, claro»
«Joaquín Ruiz-Giménez pactó con la plataforma de los comunistas y se armó el cacao entre los democristianos»
«En UCD, Otero Novas, Martín Villa y Pío Cabanillas eran hombres inteligentes y con mucha flexibilidad»
Tercera y última entrega, mañana, martes: «Memorias» de Luis Vega Escandón
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