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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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LUISMA MURIAS
Oviedo, L. Á. VEGA
Verse en la calle, dormir en un portal. Para mucha gente, esta imagen es el resumen de todas sus pesadillas, pero en la España de la crisis está más al alcance de la mano que nunca y con el temporal de los últimos días esta perspectiva se hacía aún más cruda. Son las diez de la noche del domingo y en las calles de Oviedo la temperatura ha bajado a cero grados. A lo largo de la noche descenderá hasta los dos grados y medio bajo cero. Si se dispone de buena ropa y la perspectiva de regresar a un hogar cálido y seguro, esa temperatura no será más que una anécdota. Pero para alguien que duerme en la calle, es la diferencia entre vivir y morir. Fue lo que le pasó al indigente Jovino Mauro López, de 52 años, fallecido en Avilés en la mañana de sábado a causa de las bajas temperaturas.
No es raro que estos días los albergues de transeúntes hayan estado más llenos que nunca. Uno de esos refugios es el centro de acogida Calor y Café, de Cáritas, en la calle Azcárraga de Oviedo. Es una isla de calor en la que refugiarse de unas temperaturas asesinas. En su interior, llama la atención el color amarillo de las paredes, un color alegre y tranquilizante, y el fuerte olor a tabaco. Los «sin techo», que pueden ingresar de nueve a doce de la noche, se acomodan en mesas corridas, donde juegan en silencio a las cartas o toman un cola-cao, haciendo tiempo para irse a la cama. A las nueve de la mañana deberán abandonar este refugio y regresar a la dura realidad diaria.
«Aquí vienen sobre todo extranjeros, son la mayoría», dice el mierense José Luis García, toxicómano y seropositivo. Su rostro refleja una situación límite. Su discurso está hecho de recriminaciones. «¿Cómo es posible que yo cobre una pensión y no esté en un centro donde me cuiden?», se pregunta. Para entrar en Calor y Café ha tenido que cumplir los requisitos irrenunciables: nada de alcohol o drogas.
Lo de los extranjeros es sin duda una exageración, pero sí hay unos cuantos. Son trabajadores de la construcción atrapados por la crisis. Hoy hay un portugués, pero no es raro encontrar rusos y ucranianos. Ahmed, un marroquí de 25 años, natural de Tetuán, ocupa su mesa en silencio, mientras en televisión cantan las alabanzas del Barça. Lleva tres años en España y siempre ha trabajado. «Estoy en una empresa, en Madrid, pero me dijeron que estas navidades no podían darme trabajo porque paran todas las obras. Me vine a Asturias para ver si encontraba algo, pero está muy mal. En pocos días volveré a Madrid», Está hundido.
Luego están los mayores. Se presenta como Cotero, es cántabro. «Tiene muy mal la espalda. Si no durmiese aquí, en dos o tres noches estaría muerto», asegura de él José Luis García. Muchos «sin techo» van recorriendo los albergues de provincia en provincia, quizá buscando un cambio de suerte que no llega.
Se quejan por que en los albergues no pueden estar más de tres noches seguidas. En Calor y Café pueden estar diez. La iniciativa nació en 1997, según explica la responsable del centro, Marisa González. Está acostumbrada a ver situaciones duras. Pero lo peor queda a veces fuera del centro. «No todos soportan la vida en los albergues, a algunos, las normas se les hacen insoportables. Aquí atrás, por ejemplo, hay un transeúnte durmiendo en un portal y prefiere estar ahí antes que en el centro». Marisa González cierra la puerta. El ambiente es acogedor pese a la dura vida de los vagabundos. Fuera, la noche y el frío aplastan la ciudad.
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