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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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Oviedo, J. A. ARDURA
Decenas de puños en alto, al son de «La Internacional», despidieron ayer al histórico activista del PCE, José María Laso, en un repleto salón de recepciones del Ayuntamiento de Oviedo. «Era el acto que él hubiese querido», admitía ayer su sobrino, Fernando López Laso, catedrático de Filosofía, que no pudo evitar emocionarse, como el resto de su familia, ante las muestras de cariño de la sociedad ovetense hacia su tío.
Los amigos de Laso dejaron pequeño el salón de recepciones que, desde el pasado martes, acogió su capilla ardiente. Camaradas del PCE, compañeros de tertulia y fatigas de Tribuna Ciudadana y políticos de todo pelaje y color político acudieron a la ceremonia civil organizada por el Partido Comunista de Asturias para despedir a uno de los suyos.
«La esencia, el ADN del comunismo», en palabras del ex concejal ovetense Celso Miranda, fue capaz de reunir, en el momento del adiós, a personajes tan distantes, políticamente hablando, como el diputado del PP Isidro Fernández Rozada, el eurodiputado socialista Antonio Masip, la ex consejera Laura González, el ex diputado regional Francisco Javier García Valledor y el secretario general del PCA, Francisco de Asís Fernández-Junquera, entre otros muchos. Por el camino se quedó el «número dos» del PCE, Fernando Sánchez, a quien el temporal de nieve detuvo en Benavente cuando viajaba por carretera desde Madrid.
La ceremonia civil no por sencilla resultó menos sentida. El concejal ovetense Roberto Sánchez Ramos, que hizo las veces de conductor, habló «desde la emoción y el cariño» tras presentar al presidente de Tribuna Ciudadana, el arquitecto Alfonso Toribio. «Tenía una enorme capacidad de trabajo. Tribuna Ciudadana tiene, como mucho, una deuda igual con otra gente como Juan (Benito Argüelles) y Lola (Lucio) pero difícilmente con nadie tenga más deuda», dijo Toribio en alusión a Laso, al que agradeció su apoyo personal para presidir una entidad vital en la dinamización cultural de Oviedo y de Asturias.
«Marx, Gramsci, Engels, Ernesto Che Guevara y muchos más te esperan para largas conversaciones, tribunas y largas ideas», aventuró un Sánchez Ramos que destacó su «honestidad cívica» y leyó un poema que le dedicaron a Laso, hace cincuenta años, en el penal de Burgo, poco antes de dar la palabra a Francisco de Asís Fernández-Junquera. El secretario general del PCA recurrió a los versos de Jorge Manrique y, tras matizar que «Laso no era creyente», destacó su creencia en «la vida, la bondad, la humanidad, la libertad, la solidaridad, la igualdad». El dirigente del PCA recordó los tiempos de tortura de Laso en Burgos, su empeño intelectual y autodidacta y su lealtad en la militancia comunista pero, sobre todas las cosas, que era «un hombre bueno y, como los mejores, algo ingenuo, confiado siempre a la bondad ajena». Su fiel Víctor Berezovski y la ex concejala ovetense Asunción Rodríguez Lasa fueron sólo dos de los muchos camaradas que levantaron el puño con fuerza para cantar la canción favorita de un Laso que miraba desde una foto situada en un caballete junto a su féretro.
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